"Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir". La disculpa pública respecto del polémico viaje a Botswana para cazar elefantes, que finalizó con una fractura en la cadera del principal residente del Palacio la Zarzuela, se consideró como una medida para controlar daños, pero que no alcanzó para desactivar las duras críticas que el episodio representó para Juan Carlos I de Borbón y la casa real de España. Los cuestionamientos se centraron en el caso recreativo del monarca (marcado por la incorrección política, social y hasta ecológica) pero hubo voces que vieron en el episodio el reflejo de una corona alejada de la población y ajena de la circunstancia que viven la mayoría de los ciudadanos afectados por la crisis económica, los recortes en la salud y la educación y el altísimo desempleo. Este episodio (junto al agregado por el contenido del libro "La soledad de la reyna", de Pilar Eyre, que expone supuestas infidelidades suya), y el que enfrenta el marido de una de sus hijas (Elena), Iñaki Urdangarín, quien está siendo investigado por la desviación de fondos públicos a una entidad que presidía, coloca a la corona en un escenario de deterioro de su credibilidad y legitimidad, impensado hasta no hace mucho.