Por Clare Byrne - Agencia DPA

"Un empate", que probablemente no cambiará el curso de las elecciones. Ese fue el veredicto de los analistas franceses tras el debate de casi tres horas de duración entre el actual mandatario, Nicolas Sarkozy, y su contendiente, François Hollande.

Sarkozy necesitaba noquear a Hollande para neutralizar los entre seis y diez puntos de diferencia que el socialista le lleva en las encuestas de cara a la segunda vuelta del domingo. Pero el belicoso Presidente, que le había dicho a sus colaboradores que "pulverizaría" al menos experimentado y supuestamente "blando" adversario, se encontró por sorpresa con un combativo rival.

"Podemos hablar de un empate. Pero dado que Hollande empezó como favorito, también podemos decir que sigue siéndolo", señaló el editorialista del diario Le Monde, Françoise Fressoz. El diario financiero Les Echos publicó un punto de vista similar: "ninguno se encontró en dificultades, pero definitivamente tampoco nadie sacó ventaja".

Sarkozy acusó a Hollande de no estar a la altura para conducir a la quinta mayor economía del mundo en tiempos de crisis. "Estamos en un mundo peligroso y complicado, donde tienes que ser capaz de tomar una decisión", le dijo. Recibió como respuesta el detalle de 16 diferencias en un cambio de gestión. "Como Presidente de la República, nunca llamaré a mi primer ministro un colaborador; y me aseguraré de que mi comportamiento sea siempre el ejemplar", afirmó el socialista, quien le reclamó que se haga cargo de la situación económica y de la tasa de desempleo superior al 10%.

El debate entre los candidatos representa siempre un punto cumbre en la campaña presidencial. Unas 17,8 millones de personas siguieron el choque, transmitido en vivo por siete cadenas de televisión.