El límite que separaba ilusión de ascenso directo y la realidad de un plantel con graves problemas cuando lo encaran con actitud era mínimo. Por eso ayer la esperanza se escurrió por la alcantarilla. Entrar a barajar la posibilidad de escuchar a lo lejos una bomba atómica, que borre a todos los enemigos directos que ahora mira desde abajo San Martín, sería tan imposible como ganar la lotería sin haber comprado un cartón.

Ya está, se fue la dicha de creer en un regreso rápido. Todo cambió de color, de panorama, de futuro. Habrá que seguir peleando por un lugar en el Top 5, y luego por borrar la letanía de un mes sin acción, y cambiarla por éxitos directos. Pero para poder acariciar la gloria, este "santo" deberá cambiar. Convertirse en "Tigre". Pero Amaya está en el banco y no puede entrar. Quizás él podría haber sido el socio ideal de un "Ratón" siempre vigente, agresivo y atrevido. Los años no le quitan las mañas, sus compañeros sí, porque ayer estuvo tan solo como Kung Fu y su pueblo lo sufrió horrores. Tanto o más que esa maravillosa definición de Matías García, estilo PES o FIFA.

Abálsamo pivoteó para Agudiak. Agudiak encaró como todo delantero y arrastró piernas hasta la línea de salida. ¿Bloqueado? Para nada. El lungo barrió la marca con tacazo de billar y puso la bocha en el botín de "Oveja". El mendocino amagó con la cintura y bailó un tango con la derecha. La puso ahí abajo, entre el pie de Pave y el parante custodiado por el buen arquero local. Golazo.

En 13' este cuento se transformó en un volcán en erupción. El dueño de casa no sabía qué hacer si Ibáñez no ponía lo que había que poner. Entonces comenzó a perder. Y a sufrir. San Martín sangraba por la herida causada por un Santamarina soberbio, pícaro para mover la pelotita; sobrio al momento de esperar en su zona y cortar los circuitos del león herido.

El reloj, la pésima tarde de varios y la fortuna de un Bertoya que regaló más de una para que lo empataran, incidieron en el 2 a 0. Loeschbor bajó a Abálsamo y Acosta, después hacer lucir a Pave que le atajó el penal, tomó el rebote y le bajó la persiana al juego y al anhelo inmediato de un San Martín que se quedó en La Pampa y la vía.