Amor-odio, paz-guerra, vida-muerte... El hombre está siempre atrapado entre opuestos. Y así como en su esencia se encuentra la calma, una búsqueda de la armonía, también se halla la violencia, un comportamiento que puede ocasionar daños físicos o psíquicos en los otros. La violencia tiene distintos ropajes: la miseria, la marginación, los salarios indignos, la desocupación, la explotación. Y aunque los índices oficiales hablan de que cada vez hay menos pobres y desocupados, y la Policía asegura que hubo una disminución de los delitos, la realidad se ocupa de rebatir estos porcentajes, cuando la muerte abyecta golpea a la sociedad.
Este jueves, alrededor de las 21, en la calle Buenos Aires al 1.000, un joven de 23 años fue asesinado de un disparo en el pecho luego de que se resistiera al robo de sus zapatillas. El muchacho era oriundo de Santa María de Catamarca, y estudiaba en nuestra ciudad el profesorado en Educación Física. Fue abordado por tres malhechores que se movilizaban en dos motos. Tras robarle la mochila y las zapatillas, uno de los delincuentes le disparó en el pecho provocándole inmediatamente la muerte. La Policía logro detener a dos de los asaltantes. El 26 de mayo, Gonzalo Barrionuevo iba a cumplir 24 años.
En menos de un año, sucedieron cinco muertes en la vida pública. Los dos más recientes ocurrieron el 15 de enero pasado, cuando Constanza Lucía González, de 14 años, regresaba a casa, en Alderetes, de un cumpleaños de 15. Se bajó del taxi y mientras esperaba que sus padres le abrieran la puerta, un asaltante la abordó para quitarle el celular y la cámara de fotos y la mató de un tiro.
El 10 de noviembre pasado Iván Sénneke recibió un tiro en la cabeza en Villa 9 de Julio, cuando volvía de su trabajo. Los cuatro asaltantes le dispararon en la cabeza para robarle una mochila. "Y cualquiera podría decirme que estoy equivocado, que el asesino tiene nombre y apellido. Y aunque eso es real, mi hijo fue asesinado por la indiferencia y la injusticia... ¿Quién puede explicarme a mí y a ustedes, cómo es que cuatro individuos con frondosos prontuarios siguen delinquiendo y haciendo con nuestras vidas su juego y su daño colateral? ¿Por qué mi respeto a las leyes y a las buenas costumbres cuestan la vida de los que amo? Este problema no se corrige, desde mi punto de vista, con mayor cantidad de efectivos o con mayor inversión en seguridad. Obviamente que una mayor logística nos daría mejores resultados; pero esto se soluciona con compromiso y apego a la vida, con el conocimiento y aplicación de la ley y el derecho; y fundamentalmente, con el respeto y la unión en búsqueda del bien común. ¿Y saben por qué? Porque cuando jóvenes como el mío pasan a engrosar las estadísticas negativas, descubro que los malos están mejor asesorados y más considerados", escribió el padre del joven asesinado. A cinco meses del asesinato el principal sospechoso sigue prófugo.
La droga, la marginalidad, la violencia, el escaso o nulo valor por la vida están reflejando una crisis social profunda, marcada por la inequidad, el analfabetismo, la falta de contención social. A nivel seguridad, la ausencia de un mapa del delito y de prevención son alarmantes. Si la Policía estuviese en permanente comunicación con los vecinos posiblemente podría anticiparse a los hechos delictivos y no actuar siempre después que una muerte se haya producido. De poco sirve que se detengan a los delincuentes si luego un juez los deja en libertad.
Cuando en una sociedad, la vida no vale nada, estamos en presencia de una grave crisis de valores. Si no se diseña un política de Estado integral y participativa, desgraciadamente, el dolor y la impotencia seguirán sacudiendo a los tucumanos.