Apenas se cruza el puente Ingeniero Barros hay que doblar a la derecha, y pasar por abajo de la ruta que lleva al Aeropuerto Teniente Benjamín Matienzo. Unos dos kilómetros más adelante, cuando las vías del ferrocarril se levantan de la tierra, está la primera entrada al barrio "Rincón del Este", en Alderetes.

Casas bajas, cuyas fachadas develan las modificaciones que los propietarios hicieron para darles un "toque" personal a las típicas viviendas con características iguales de los planes estatales. Calles pavimentadas que aparentan la tranquilidad deseada para que los chicos jueguen en la calle y las vecinas se junten en las veredas a tomar mates.

Para completar la descripción del "Rincón del Este", los vecinos afirman que hay que agregar los arrebatos en las paradas de colectivos, y los robos de los patios de las viviendas. Es el caso, por ejemplo, de Mariela Bicego, que optó por no volver a poner una maceta en el frente de su casa. "Las roban. Ni hablar de dejar ropa colgada en la soga. Un fin de semana entraron al patio trasero, y se llevaron todo, no me dejaron ni las zapatillas", contó esta docente de 38 años, durante la recorrida que LA GACETA realizó al barrio.

A jugar encerrados

Entre quienes sufren diariamente la inseguridad, están los chicos que juegan en la calle. "Les quitan los teléfonos celulares y hasta los juguetes. A un amigo de mi hijo le robaron el skate. Ya es de terror", dice Bicego. La docente comentó que le rompieron la cerradura de su vivienda cinco veces. "Tuvimos que poner alarma. En las paradas de colectivo, es constante que roben. Hace tres semanas, una chica estaba en la parada, vino uno con una moto, le puso la pistola en la cabeza y se le llevó la cartera con el sueldo, pobrecita", dijo Bicego.

"A la hija de Lucrecia (una vecina) le pegaron una piña en el pecho porque no quería darles la cartera", relató Marianela, cuando ingresaba a una despensa del barrio. La joven de años dice que el jueves y viernes de la semana pasada, a la noche, quisieron entrar a su casa. "Lo escuché caminando por el techo. Mi perro no dejó que entre al patio, y terminó llevándose cosas del patio del vecino. Y a la noche siguiente, quisieron abrir el portón del frente", afirmó.

Los vecinos prefieren no dar sus apellidos, ya que dicen que los ladrones viven en zonas aledañas. Los delincuentes escapan por las vías del tren, o se esconden entre los matorrales que se encuentran entre la ruta alternativa y el río Salí. "Ayer (por el miércoles), dos tipos armados que iban en caballo le pusieron la pistola en la cabeza a una señora y la asaltaron. Esto pasa a cualquier hora, a los chicos que van a la escuela les quitan las carpetas, la ropa y los celulares", dijo Claudia.

La mujer tiene una despensa, y afirmó que todos los días escucha nuevos relatos de hechos de inseguridad. "Un par de semanas atrás, una señora acompañó a su hijo a esperar el colectivo. Fueron minutos los que se demoró, y cuando regresó encontró unos hombres en su casa, que ya habían preparado todo para llevarse en unas sábanas. Ante el apuro al haber sido sorprendidos, sólo escaparon con el televisor. Como ese caso, hay muchos", contó la comerciante.

El barrio depende de la comisaría de Alderetes, aunque hay un destacamento en el barrio Santa Inés, ubicado hacia el norte. "Antes estaba lleno de policías, apenas nos mudamos. Pero de a poco fueron desapareciendo. Llamás y nunca vienen, o llegan tarde. En todo el barrio, preguntale al que quieras, todos fueron víctimas de algún robo", afirmó Claudia.

Reunión escolar

Hace 15 días, la directora de la escuela del barrio convocó a una reunión, luego que una docente fuera víctima de un violento arrebato a la salida de clases. Alejandro Alcorta, propietario de una panadería ubicada al frente del establecimiento escolar, asistió a la convocatoria. "Vinieron comisarios y se comprometieron a mejorar la seguridad. Duró un día", manifestó Alcorta.

"Un día asaltaron a la compañera de hija y la tiraron al suelo para quitarle el teléfono. La vez pasada volvía en el auto y un vecino sorprendió a un muchacho robándole la bicicleta de su casa. Tratamos de seguirlo", contó el vecino.

Las anécdotas se repiten cada vez que se consulta a un vecino o vecina. Los puntos en común son los ataques en las paradas de colectivos y los robos de los patios de las casas. "Por la vía, los vez correr todos los días con bicicletas, secarropas, televisores", describió Claudia. En definitiva, lo único que ellos piden es poder tender la ropa recién lavada en el patio, que los chicos jueguen en paz, y que en las esquinas, sólo estén atentos a la llegada del colectivo.