POESÍA

EL TRAYECTO DE LA HERIDA

DENISE LEÓN (Alción - Córdoba)


En este libro, la escritura parte de una acción que brota del aislamiento y defiende la soledad. Textos que están construidos a partir de silencios, porque Denise León sabe, con certeza, que el silencio es necesario para que aparezca el poema, y lo maneja de una manera magistral. Aquí, el lenguaje se convierte en una serie de escollos ambidiestros, porque de la misma manera que permanece en el total mutismo, comunica. La palabra cobra el peso de lo fundamental, y ese mecanismo de síntesis es algo que encontramos ya, desde la primera página; con un estilo definido, pausado, y conceptos cultivados de formas limpias y correctas.

Estructuralmente, el texto se divide en dos partes: Diario de viaje, compuesto por 13 fragmentos donde la enfermedad se presenta como una herida expuesta ("el dolor es lo que no puede ser mirado"); y Mater dei, con nueve poemas escritos desde la nostalgia, desde la infancia y desde la primitiva manera que buscamos, ante ciertos momentos de desprotección, a la madre, como al primer amparo. Este recuerdo ronda el libro en su totalidad como la palabra que marca la memoria, y es desde la maternidad donde se presenta al mundo. "Voy de la mano de mi madre a tomar el tranvía. Nos subimos y me quedo así, quieta, como un cuerpo tendido sobre un colchón, latiendo". La necesidad de no soltar las raíces, esa pequeña ciudad amurallada de la infancia que la poeta enmarca, eludiendo lo enfático. Paradójicamente, la poesía es revelación, es el paroxismo de la expresión sostenida en la fugacidad, y es esta inversión de sentidos la que habla con voz propia.

Denise León parte de lo frecuente, para arribar al símbolo, sin caer en estridencias. El trayecto de la herida es una invitación a la lectura de poemas armónicos, que poseen vuelo lírico, dominio sobre la capacidad sugestiva y la exposición equilibrada del sentimiento. El efecto estético de este poemario es, sin la menor duda, la emoción en su estado más puro.

© LA GACETA

Mónica Cazón