"Merecimos al menos no perder"... ¿Cuáles son los parámetros reales para inclinar o equiparar cargas en la balanza? ¿Por qué Atlético cayó y Ferro ganó? Sobran preguntas, pero lo que faltan son respuestas. Y no desde acá, sino desde las entrañas mismas del grupo. La queja o el berrinche del merecimos no conduce a nada. A nada. En los 90' reglamentarios debían haber hecho méritos para que el 1 a 1 sea real y no una latente protesta.

¿Quién jugó mejor? A entender por el resultado, Ferro. Embolsó los tres puntos. Supo hacer la suya, hizo mejor las cosas. ¿Qué cosas? Jugó al fútbol, a su fútbol, creado a partir de un buen cerrojo defensivo, y forjado con inteligencia de mitad de cancha hacia adelante. Un cinco dominó la aduana y un grandote hizo suyo: el gol.

¿Atlético perdió bien? A priori, sí, más allá que en el complemento dominó. Que haya sido dueño del balón y del terreno no quiere decir nada. Todas sus llegadas fueron a distancia. No dispuso ni una de esas que llevan el nombre de mano a mano, que luego se elogia o castiga al protagonista por aprovecharla o tirarla a la basura. Barrado no tiene la culpa. No tiene compañía.

El interrogante vuelve a tomar forma. ¿Qué pasa? Habría que preguntarles a los que jugaron. Por lo que se vio afuera, no les sale nada. El equipo parece partido. Sufre por errores imperdonables y consigue burlar su propio destino. Deja pasar el tren. No se anima. Así es imposible trepar la cuesta. Es como empujar un tren hacia el Aconcagua en ojotas. No hay garantías. Atlético sigue sin encontrar su norte. Perdió la brújula hace rato y las señales de humo que ejecutan de a cuentagotas sus soldados, buscando un SOS salvador, se pierden en el horizonte.

La Copa Argentina es el pulmón sano que todavía respira. Habrá que seguir alentando por TV o bien viajar para ser feliz, porque por el Monumental, últimamente, alegría viene perdiendo por goleada contra su verdugo tristeza.