Un precipicio zigzaguea en la voz que se trepa al aire enredada a un sentimiento. Se hace finita en la altura. Dramática en la soledad.

"Te di lo que tenía, perdí mi vanidad. Y ahora que estoy sin ti no tengo ideas ni para soñar. Más solo no se puede estar"

. El canto de Liliana Herrero eriza el alma. Densamente frágil, ella entrega su corazón desguarnecido. La destacada artista entrerriana regresa a Tucumán para presentar el jueves en el teatro Alberdi "Este tiempo", su último registro que reúne catorce piezas de autores que están vivos.

- Fiel a tu estilo el repertorio del CD tiene diversos matices. Tu química con Juan Falú sigue intacta...

- Hago "A puro fierro", milonga tan hermosa que hizo Pepe Núñez, me gustó y me estimuló también por el hecho de que mi apellido es Herrero. La poesía se refiere a tres herreros tucumanos. También de Juan, está "Fada", un tema muy hermoso para una de sus hijas; es un nombre sirio que quiere decir plata, el metal. Hay otro más... "Laurel", un bailecito con Jorge Marziali.

- ¿Qué te identifica con la estética o el sonido de Juan Falú?

- A mí me da la sensación de que cuando Juan comienza un concierto y hace un acorde nomás, todo el peso de la historia está ahí. Siento que toda la vibración y la densidad de la historia está en ese sonido de su guitarra. También su búsqueda armónica me parece muy estimulante para cantar y esa peculiaridad extraordinaria que es la de olvidar lo que hizo antes, y cada vez es algo nuevo, original e incluso hasta a él mismo lo sorprende. Esa especie de disposición, tanto para el olvido como para la memoria, lo conduce a formas muy altas de la música, muy serias. Me siento muy a gusto cantando con Juan.

- El tema de Spinetta muestra nuevamente su veta telúrica.

- Me mandó hace mucho tiempo por mail un tema que se llama "Bagualerita", muy hermoso y me lo regaló. Me dijo que hiciera con este tema lo que quisiera. Fue un regalo de él, que no es poco, a mí me llena de orgullo. Spinetta sigue siendo uno de los grandes músicos argentinos. Fue un regalo maravilloso para mí, me sorprendió la actitud de Luis porque no éramos íntimos amigos. Nos encontrábamos de tanto en tanto y siempre eran muy gozosos nuestros encuentros, que eran muy casuales. Cuando apareció este tema en mi correo fue muy emocionante y así se lo dije, que iba a intentar un arreglo con mis músicos. Es raro que yo tome el tema tal cual me lo dan, sino que debe ser pasado por una especie de intervención que a mí me gustar realizar en las canciones porque no creo que haya ninguna copia posible. Uno siempre hace de un tema algo que le pasa a uno y transformé el estribillo en una baguala; le di otra rítmica.

- ¿Y qué dijo cuando escuchó tu interpretación?

- Le gustó mucho. Yo estaba muy asustada, no sabía qué podía pasar. El me pedía perdón "por los arreglos caídos de una reposera", porque él lo había grabado en su casa, en un estudio profesional que tenía. "Me emocionó la baguala. Te quiero mucho. Estoy orgulloso...", me dijo.

- ¿Cómo elegís los temas? ¿Te atrae primero la música y luego el texto o viceversa?

- Es un proceso muy complejo, te diría muy angustiante para mí porque hasta que no empiezo a cantarlo, a intervenirlo, a pasarlo por mi garganta y por mi canto, no sé si ese tema va a funcionar para mí. Muchas veces me gustan temas que no he cantado porque no he encontrado una forma en la que me sienta cómoda o lo haya podido sacar de muy buenas versiones. Muchas veces pienso: "Si esta canción la cantó Mercedes Sosa y lo hizo así, para qué me meto..." Hace mucho tiempo que quiero cantar "Ay, este azul" de Pancho Cabral, que cantaba Mercedes. Su versión es preciosa, algún día lo voy a hacer, todavía no sé cómo encontrarme con el tema. Es un proceso angustiante... veo qué es lo mejor, qué instrumentos, qué sonido quiero, son muchas las preguntas que me formulo cuando tengo un tema al oído. El texto también es fundamental, me tomo mis atrevimientos, por ahí sustraigo alguna palabra o me callo en algún momento. En fin, vos sabés, esas cosas las hago y hasta ahora nadie me ha mandado los padrinos (se ríe).

- El Chivo Valladares contaba que una vez escuchó una zamba suya y que tuvo que hacerle luego el ADN para reconocerla...

- Espero que no haya sido ninguna versión mía (se ríe). De tantos temas que he cantado, hay diez o quince en los que encontré algún atisbo de decir valió la pena este esfuerzo. Uno interviene los temas, los hace estallar y ve si puede oír algunas otras voces que están ahí, puede salir algo serio o no. No todas las versiones de diversos temas me han salido redondos. Por ejemplo, hice en un disco una versión de "Cinco siglos igual", de León Gieco, y la verdad que no es buena. Algún día lo voy a volver a grabar de otro modo. Por eso tiendo a repetir los temas.