1- El vía crucis de Paulina Lebbos continúa cada noche en Tucumán, una ciudad tan o más insegura que en febrero de 2006, cuando la estudiante de 24 años fue asesinada. Crimen que vegeta en el limbo de las causas cajoneadas. Crimen impune. El Gobierno huyó hacia adelante en aquella ocasión -parece mentira que hayan pasado seis años- y a una sociedad shockeada por el caso Paulina le inoculó la ley de las 4am. En su más que recomendable Panorama Tucumano del sábado, Federico Türpe calificó a la norma de desatinada. Pueden decirse muchas cosas más, suficientes para justificar la necesidad de derogarla y avanzar con un nuevo modelo de seguridad ciudadana.
2- La ley de las 4am cercena derechos civiles básicos. Es llamativo: va a contramano de los vientos que soplan en el ámbito nacional de 2003 a la fecha. Si hay un campo que el kirchnerismo/cristinismo pisa con pie firme es el de las garantías individuales. La reforma del Código Civil, avalada con creces en el arco social, se adivina como una nueva conquista que rezuma pluralismo ajustado a los tiempos. Esa bandera -la defensa y el fortalecimiento de los derechos civiles- flamea a media asta en Tucumán, y las 4am tienen mucho que ver. La norma prohibe, impone, suprime, términos reñidos con el espíritu de nuestra Constitución.
3 - Las 4am son sinónimo de escasa calidad institucional. Que la mayoría del electorado le haya conferido su voto al Gobierno provincial -cuyos avances en materia social son palpables- no tiene por qué apagar las alarmas ni justificar que la división de poderes haya pasado a mejor vida. La ley avanzó por un tubo en la Legislatura y tampoco se presentaron recursos de amparo que la pusieran en entredicho. El problema es que las voces discordantes acerca de todo lo que las 4am representan -en la Cámara y en la Justicia- no repiquetean más allá de charlas privadas. Tampoco las entidades intermedias se pusieron firmes, y eso que la ley afecta los intereses de varias de ellas. Pero eso ya es costumbre desde hace mucho tiempo en la provincia.
4- La de las 4am es, básicamente, una ley que destila impotencia y debilidad. Impotencia para cuidar a los ciudadanos -en especial a los jóvenes- y para prevenir el delito. Debilidad para combatir el verdadero y poderoso negocio de la ilegalidad, nacido de las entrañas de la propia norma y amparado por su carácter represivo.
5- Porque referirse a la ley de las 4am es escribir la crónica de un fracaso. Dos elementos resaltaron como imprescindibles al momento de la sanción: la presencia policial en las calles y el transporte disponible, de modo tal que a las 4 de la mañana se implementara un ordenado y tranquilo regreso a casa. Pues bien, no suele haber seguridad y no suele haber transporte. La crónica del fracaso se extiende a esa zona gris que va de las 4 en adelante, terreno en el que todo puede pasar y en el que todo pasa en Tucumán, mientras boliches, pubs y cualquier otro reducto de la nocturnidad debe bajar las persianas.
6- Debió producirse un episodio tan difundido como desgraciado -la irrupción supuestamente patotera del tándem IPLA/Policía en una casa- para que revivieran los anticuerpos de la sociedad. Le haría un flaco favor a su gestión si el Jefe de Policía no aclara el hecho como es debido (por ahora se sabe que hay un sumario en marcha). Pero esto no hace más que desnudar otro de los flancos de las 4am: el de su carácter hipócrita. Porque la norma es en sí misma discriminadora e injusta. Ampara a quienes tienen los medios para divertirse en afters (más de una vez celosamente custodiados) y condena a deambular por la ciudad y a convertirse en carne de represión al resto.
7- Desde mi lugar -el de un ciudadano- me permito discrepar con el señor Gobernador. No creo que la ley de las 4am sea positiva. Por el contrario, siento que fue un error su implementación y que encarna un sistema que no da para más. Está comprobado -de 2006 a la fecha- que el alcoholismo, la drogadicción y la delincuencia conforman circuitos que nada tienen que ver con ponerle un candado a la noche. Volvemos al comienzo: vivimos tan inseguros como aquella noche en la que secuestraron a Paulina. Y peor aún: con nuestros derechos cercenados y la libertad pendiente de un toque de queda.