BUENOS AIRES.- No hay dudas acerca de que, en términos de política sindical, hasta mediados de julio habrá que hablar casi exclusivamente de la interna de los gremios peronistas y sus alineamientos para la crucial elección del nuevo consejo directivo de la CGT, donde obviamente la cuestión central es la continuidad o la sucesión de Hugo Moyano.
El "casi" responde al hecho de que también habrá que prestar atención al desarrollo de las paritarias y a los resultados que vayan consiguiendo las distintas organizaciones. Es que muchas de ellas, prescindiendo de su ubicación en el tablero político, han avisado que no trepidarán en realizar medidas de fuerza en caso de que no se satisfagan sus reclamaciones.
En cuanto al futuro de la central gremial peronista, la pulseada sigue teniendo a Moyano como principal protagonista. El líder camionero y sus compañeros de ruta siguen empecinados en promover su continuidad en la jefatura cegetista, mientras del otro lado, buscan bajarlo del asfalto y dejarlo en la banquina. Sin embargo, varios de los que hasta hace muy poco querían empujarlo más allá hasta hacerlo caer por el barranco, ahora parecen mostrar una actitud más conciliadora y proponen que siga en la CGT, pero sin el protagonismo excluyente que ha mostrado desde los albores de la administración kirchnerista. Incluso, podrían aceptarlo en una conducción colegiada (algunos vuelven a hablar de un triunvirato), aunque hay que recordarles que varios de esos proyectos terminaron en fracaso.
Es sabido que, a esta altura, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no quiere ver ni en figuritas a Moyano, pero también sabe que es mejor que esté atado y no suelto. Por ello uno de los principales operadores políticos del Gobierno, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, transmitió un mensaje claro y en vivo y en directo a algunos dirigentes antimoyanistas: "Muchachos, el Gobierno necesita una CGT unificada".
El pedido tiene más de una lectura. Uno: la administración "C" necesita una central sindical que apoye su política. Dos: precisa una CGT sin fisuras que encauce o directamente contenga eventuales conflictos. Tres: considera imprescindible que Moyano esté acotado por la estructura de la entidad sindical madre y que no ande desbocado, con un poder de fuego que hasta ahora no puede igualar cualquier otra organización gremial.
Si Zannini transmitió ese mensaje sin cortapisas, no es muy difícil deducir que el mensaje es de la Presidenta. Y, en ese contexto, podría especularse que hay preocupación en las esferas oficiales.
El ajuste ya empezó y seguramente hay nuevas medidas a la vuelta de la esquina. Para ello el Gobierno necesita acompañamiento o, al menos, una actitud no beligerante de los gremios. Y por más que le minen el terreno o le recorten los espacios de poder, en Balcarce 50 saben que Moyano desbocado podría ser una insoportable migraña.
Por eso, quienes hasta un puñado de días atrás daban por acabado a Moyano ahora propician un armisticio y tratan de seducir al camionero para que continúe, aunque en igualdad de condiciones con sus colegas. ¿Acepta Moyano esta oferta? Hoy no. Y hasta los propios oferentes admiten: "Hoy por hoy, no quiere saber nada con resignar el rol que tuvo en todos estos años". Pero aseguran que insistirán. Inclusive aquellos que le han pegado duro en los últimos tiempos aceptan el envío de emisarios para convencerlo.
El mensaje de sus contrincantes contiene, ahora, el mensaje concreto del Gobierno, que seguramente Moyano sabrá explotar. Porque todo depende con el cristal con que se lo mire. Algunos podrían evaluarlo como una condición. Otros -el moyanismo, por ejemplo-, como un pedido especial, con ribetes de ruego. En momentos más dulces, se supo escuchar "y ya lo ve, hay una sola CGT". Pero ahora las cosas ya no están tan edulcoradas como antes. Y por ello cabe un "y ya lo ve... ¿habrá una sola CGT?