BUENOS AIRES.- "Cuando los nazis apresaron a los socialistas, no dije nada, porque yo no era socialista. Cuando encarcelaron a los sindicalistas, no dije nada, porque tampoco era sindicalista. Cuando se llevaron a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando al fin vinieron a buscarme, no había ya nadie que pudiera protestar". Martín Niemöller.
Y vinieron. Otra vez la historia dejando una lección. Porque gran parte de la responsabilidad de los hechos que hoy vive el país se debe al silencio cómplice de muchos sectores del establishment y de la sociedad que durante años no dijeron nada cuando la administración regente se incautaba los ahorros de millones de trabajadores que habían colocado parte de su sueldo en una cuenta previsional. Pero todo llega. Y llegó.
El duro revés diplomático que sufrió el gobierno argentino en su incursión por Cartagena precipitó la decisión de expropiar YPF.
Las advertencias que escuchó Cristina Kirchner en tierras colombianas encrespó el malestar en las filas kirchneristas que no midieron los costos de la expropiación cuando todo indicaba que un acuerdo con Repsol estuvo a punto de alcanzarse.
No cabe duda que el ímpetu juvenil se adueñó del clima en la Casa Rosada y en Olivos. Para algunos se trata de un "volver a los '70". Para otros se trata del "efecto hechizo" sobre la Primera Dama.
Pero unos y otros saben que la realidad marca límites precisos a la hora de asumir las consecuencias de las decisiones, tal como se manifestó la Casa Blanca.
El "relato" oficial otra vez coló un sinnúmero de omisiones de la realidad durante la presentación en el Senado. Y las omisiones no son otra cosa que una distorsión de la realidad. La vehemencia que imprimió el viceministro Axel Kicillof a su discurso, opacó su argumentación y la dejó más endeble, en especial, cuando quiso defender el modelo económico. Por supuesto, no asumió responsabilidades ni por el descontrol del gasto público ni por la emisión monetaria y mucho menos por la inflación, la gran omisión. Ni por el congelamiento tarifario, ni por la importación de gas suministrado por Repsol desde Trinidad Tobago, ni por la venta de acciones a pagar con las utilidades de YPF, ni por las exportaciones de combustibles líquidos a precios irrisorios a países vecinos con el pago de reintegros, "round-trip" en la jerga, que favorecieron a las petroleras integradas.
Todas estas fueron decisiones que tomó la Casa Rosada durante años pero que ahora fueron omitidas por el hechizo juvenil, para justificar una expropiación que pagará toda la sociedad argentina. Todas estas fueron decisiones erróneas que precipitaron el colapso energético por el que atraviesa el país.
Se podrá discutir ahora el monto de la indemnización. Obviamente, el precio que coloque el gobierno argentino será rechazado por los españoles y todo terminará en un dilatado juicio en tribunales internacionales, en el marco de una demanda multimillonaria. Se discute ahora que la perla de la compañía es el yacimiento de gas y petróleo no convencionales de Vaca Muerta y que eso puede aumentar su valor. Ese proyecto requiere tanta inversión que por ahora se asemeja más a una novela de Julio Verne que a una realidad tangible. Tal como lo anticiparamos en febrero pasado, el desarrollo exploratorio hasta que comience a producir el área de Vaca Muerta requiere de unos 250.000 millones de dólares de inversión, durante 10 años, de acuerdo con una auditoría realizada por la firma Ryder Scott. Mientras tanto, la atención está puesta en la forma en que va a ser gerenciada la compañía de ahora en más bajo la tutela de un Estado que ni siquiera puede atender los servicios mínimos. El antecedente del gerenciamiento de Aerolíneas Argentinas no es la mejor tarjeta de presentación para el viceministro de Economía. De no ser por la millonaria inyección de fondos que recibió en los últimos años, la empresa no podría volar. El resultado negativo de sus balances huelgan mayores comentarios. Y si esto ocurrió en la aerolínea, la complejidad que presenta el negocio de los hidrocarburos puede hacer naufragar la aventura kirchnerista.
Esto no es un juego para hechiceros. El hechizo no es más que una ilusión y no sirve para actuar en la realidad. Tal vez la historia nos muestre otra lección. El trágico final de la zarina Alejandra y la sombra de su hechicero Rasputín.