Seleccionar excluyendo. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o casta u otros motivos ideológicos. Son dos definiciones que brinda el diccionario del verbo discriminar. La primera acepción describe una capacidad del ser humano: para poder distinguir las cosas de un todo, debe seleccionar, separar a los gatos del grupo de los perros. La segunda apunta a una cuestión cultural que está arraigada en todos los pueblos.

Hace unos días, un jugador de Atlético Tucumán fue despectivamente insultado por una buena parte de la parcialidad decana, por su baja performance. La agresión hizo hincapié en la negritud de su piel. Momentos antes, un plateísta le había arrojado una botella. "Jamás me insultaron tanto", dijo Jairo Castillo, que muy afectado por el episodio, presentó la renuncia.

La intolerancia y la violencia son cada vez más manifiestas en las canchas. El presidente de Atlético dijo que el club no "se banca más la conducta de estos hinchas. Personalmente no creo que lo de Castillo tuviera un tinte racista, pero de todas maneras me pareció desubicado el trato que le dieron", dijo y lamentó la actitud de los plateístas que dejan sus asientos para insultar y hasta agredir a los jugadores y al técnico. "Supuestamente estamos hablando de gente bien, pero no lo son", acotó.

El Institución Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) no aplica sanciones, sino que informa sobre los actos de racismo o xenofobia. En 2010 acordó con la Asociación del Fútbol Argentino luchar contra este maltrato. Efectuó campañas en los estadios y capacitó a los árbitros. Se convino que si escuchaban cantos ofensivos, se debía suspender el partido. Hasta ahora, sólo se aplicó la norma una sola vez.

En 2011, se divulgó una investigación del Inadi, que indicaba que tres de cada diez argentinos fueron discriminados alguna vez. La encuesta señaló que la mitad de la población presenció un acto de segregación, no obstante, un 6% hizo una denuncia, lo que refleja que la segregación se padece en silencio o no se confía en las instituciones que se ocupan de estos asuntos. En Tucumán, un 37% dijo haber sufrido alguna vez por este motivo, mientras que un 75% cree que se discrimina mucho en nuestra provincia. El estudio reflejó que más del 70% de la sociedad se caracteriza por tener pensamientos o prácticas discriminatorias. Los más marginados son los pobres, los feos, los gordos y los discapacitados, y les siguen los que padecen enfermedades contagiosas, las minorías sexuales y los extranjeros. Hasta octubre de 2011, la delegación local del Inadi había recibido más de 2.000 solicitudes de intervención por distintas denuncias. La mayoría correspondían a discapacitados.

Negros, indígenas, gordos, rengos, tuertos, gangosos, homosexuales, judíos, árabes, petisos, chicanos, bolivianos, peruanos, sudacas, gallegos, hambrentinos... En todos lados se cuecen habas discriminatoria. El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, criticó el domingo pasado la homofobia profundamente arraigada en América Latina. Pensemos, por ejemplo, en los Estados Unidos, la gran democracia del mundo, donde se segregó a los negros hasta hace poco.

Si no hubiese exclusión no existiría el Inadi. La segregación sólo puede combatirse con educación. Si desde la edad más temprana les enseñáramos a los niños que todos somos iguales bajo la piel, a aceptar a los otros como son, tendríamos una sociedad más tolerantes. Discriminar a alguien, valiéndose del anonimato, no sólo es un acto de cobardía, sino que pone en evidencia un complejo de inferioridad.