Desde que empezó el año, Atlético se convirtió en uno de tantos abonados y fanáticos del sufrimiento. Padece y se lamenta cuando no tiene por qué. Sufrir es parte de la dieta de 2012 del "decano". Ayer, pese a la alegría de haberse colado entre los ocho mejores de la Copa Argentina, los tucumanos nunca debieron estirar la serie hasta la lotería desde los 12 pasos.

Ni ahí. Atlético fue más que Rafaela. Mucho más. Por donde se lo mire, los de 25 de Mayo y Chile marcaron la pauta del juego, en las buenas y en las malas. Es decir: asustó a la "crema" en demasía y se autoflageló por momentos cuando se descuidó atrás.

No hay dudas de que Juan Manuel Llop querrá atesorar los primeros 35 minutos. Hubo show y predisposición del grupo para quebrar a un enemigo bastante blando. Atlético invirtió en descubrir las grietas de la estructura de Rafaela y ganó. Ganó en la cancha, no en el resultado, para su lamento.

Si no era por una mala ejecución, el palo le decía que no. Una de las más claras salió del botín derecho de Barrado. Entrando al área, Diego Armando desenfundó y fusiló a un Carranza anonadado. El parante izquierdo le astilló la ilusión al "Pensador" albiceleste. Algo similar le sucedió a Longo, que no pudo encontrar la suerte del gol en un par de escaladas, y tampoco sobre el cierre del partido, a los 89'. Estiró la pelota en largo para superar a Niz, pero encontró el piso, ayudado por el pie del zaguero. ¿Penal? ¡Claro! Sí, claro para todos, menos para el juez que estaba a metros. Siga, siga.

La tensión chocó en la serie maldita, una encrucijada en la que Atlético brilla. Rafaela patinó en el primer intento y Dei Rossi le atajaba el segundo, mientras Mosset y Barrado ponían el 2-0. A Longo le taparon el tercero; susto. Sin embargo, Palacios y Espínola desterraron cualquier duda y brindaron por un triunfo revelador. Que sirve para respirar y seguir de ánimo.