En la cuadra todo era silencio al final de la siesta hasta que la violencia y la muerte rompieron la tranquila rutina del barrio. Ayer, alrededor de las 17, en Corrientes 3.271, una joven pareja comenzó una discusión. Adentro de la casa, el atropello iba tomando fuerza, aunque no había ruidos hacia afuera. Sin embargo, en cuestión de minutos, comenzó a salir humo por una de las ventanas del fondo de la casa. Eso alertó a los vecinos de al lado, que salieron disparados hacia la casa que humeaba. En ese momento, llegó un remise. Estacionó al frente de la vivienda. Dos mujeres bajaron afligidas. "¡Armando, devolveme a mi hija!", gritó una de ellas, desesperada. "¡Devolveme a mi hija!", repitió.
Uno de los vecinos intentó abrir el portón blanco de la calle, pero el joven se lo impedía desde adentro. Incluso, había atado un alambre para que nadie pudiera entrar a la casa. Los gritos iban aumentando y cada vez más vecinos salieron a ver qué estaba sucediendo. "Llamá a los bomberos", le dijo la vecina de enfrente a una de sus hijas, mientras veía el humo por el fondo de la casa. El vecino seguía forcejeando para abrir el portón. "¡Salgan de aquí, eso es violación de domicilio!", gritó el joven desde adentro. En ese momento, la vecina cambió de idea: "Mejor llamá a la Policía", le dijo a su hija, en lugar de llamar a los Bomberos.
Mirando desde el frente
Después llegó un patrullero de la seccional 7ª y abrieron el portón. Afuera, los vecinos miraban expectantes. "El muchacho estaba normal, pero parecía como shockeado, no decía nada, ni se resistió cuando los policías lo tiraron al piso y le pusieron las esposas", dijo una vecina que, tres horas después del crimen, no se movía de la vereda para ver todos los movimientos. "Los policías abrieron la puerta del fondo -dijo la mujer-; ahí salió mucho más humo y se dieron cuenta de que le había prendido fuego a la chica", agregó.
La noticia comenzó a circular de boca en boca. Cada vez llegaba más gente a la casa del crimen. Un grupo de policías se llevó detenido a Armando Martín, de 33 años, hasta la seccional 7ª; otros montaron una guardia en la vereda. Después llegaron los peritos que delimitaron el área de trabajo con la clásica cinta roja y blanca, en la que puede leerse: Peligro. El sol caía al atardecer, cuando la noticia llegó a Twitter. "Nuevo caso de #femicidio en Tucumán.
El marido le prendió fuego a su esposa dentro de la casa"
escribí en mi celular, al llegar al lugar.
Con guantes blancos, los peritos recibieron al jefe de Policía, Jorge Racedo, para explicarle las circunstancias del hecho. Afuera de la casa fueron llegando más periodistas, fotógrafos y camarógrafos. Los chicos del barrio daban vueltas en bicicleta hasta llegar a la cinta policial. Curiosos hacían preguntas a medio mundo: ¿voy a salir en LA GACETA, amigo?"... Una combi de la Policía y otra de los Bomberos esperaban afuera, mientras llegaban curiosos en motos, en bicicletas o a pie. Todos querían ver algo más. A las 22, la Policía retiró el cuerpo de María Medina, de 31 años, rumbo a la morgue.
"Al parecer hubo una pelea antes de que ocurra este hecho. El cuerpo tenía un 95% de quemaduras. Estaba carbonizado", detalló el comisario Racedo ante decenas de micrófonos y grabadores. "El cuerpo estaba tirado en el piso en una habitación", agregó. Se sospechaba que el agresor utilizó combustible que extrajo de una bordeadora que había en el lugar.
Un chofer subió a la combi, encendió las luces, y giró camino a la morgue policial. Las cámaras filmaban la escena y los vecinos (adultos y niños) se alejaban del lugar en el que habían estado más de cinco horas expectantes. Mientras tanto, a unas 15 cuadras de la casa del crimen, en la seccional 7ª, el imputado era llevado al calabozo, donde iba a pasar la noche. Vestía jogging azul, remera negra, buzo gris, y calzaba zapatillas negras, como quien acaba de salir del gimnasio.