"Más que una simple cuestión de riqueza vegetal, es la de los bosques una cuestión social, por su influencia en las cuestiones climatéricas (sic), en la fertilidad de los campos, en el proceso de las estaciones, en la bonificación del aire, en la regularidad de las lluvias". El sitio web en el que se ofrecen en venta parcelas de la "estancia Los Sosas", en el camino a los Valles, reactualiza ese manifiesto centenario de Juan B. Terán, autor de la reflexión que encabeza esta columna. La información que dio el lunes LA GACETA sobre la existencia del sitio "Lossosas.com (fondos de inversión)" aporta a la sumatoria de ejemplos de un Tucumán cada vez más sujeto a la tensión entre negocio y calidad ambiental. Esta semana, la dirección de Flora y Fauna de la Provincia, ante la noticia de la oferta de áreas de la provincia por internet (se promueven como un "proyecto integral Turístico, Urbano y Forestal) activó la intervención de la Fiscalía de Estado y de la Dirección de Catastro de la Provincia. El director del área, Daniel Manso, ya ha anticipado que, aunque alguien demostrara propiedad sobre esas tierras (sobre las cuales hay una agitada sucesión en disputa) la explotación propuesta sobre esa área protegida es incompatible con la ley. Argumenta, entre otras cuestiones, que las 14.000 hectáreas promocionadas por la red no son pasibles ni de explotación forestal ni de la instalación de servicios turísticos no sustentables. Ese conflicto ha detonado la necesidad de que el Estado establezca políticas sobre las llamadas "áreas protegidas".
Y si el Estado provincial parece ocupado en Los Sosa, la Universidad Nacional de Tucumán tiene lo suyo con el Parque Sierra San Javier. Ese territorio de 14.700 hectáreas que genera la envidia de la treintena de universidades nacionales está siendo desguazado desde distintos frentes, sea por la explotación de áridos, por la ocupación y construcción ilegal en parcelas universitarias o, simplemente, por la desidia y el desinterés. Esto último es lo que encontró esta columnista hace una semana, en su recorrido por el "vivero Luis F:Nougués";creado en 1913, hoy sólo es un predio mantenido por la voluntad solitaria de un cuidador que atesora en un cuaderno de "visitas" la huella de un pasado del que no quedan ni señales.
A fines de marzo, en el parque Sierra de San Javier hubo cambio de autoridades: el reemplazante de Julio Kermes, el geólogo Juan García, reconoce que al parque "hay que devolverle el brillo perdido". Para que eso sea posible, advierte, necesita cuadruplicar el cuerpo de guardaparques, que hoy son 17 y que, asegura, trabajan a destajo.
Entre esos baqueanos está José "Pepe"Segura, un conocedor del terreno que señala que el parque Sierra de San Javier vale por su verdor, pero más por su potencial acuífero. Estudioso de la problemática de las áreas protegidas, apunta que la mayoría de esos territorios en el mundo se encuentran bajo regímenes de propiedad común. Tanto en el caso de Los Sosa como en el de San Javier, al margen de quién sea el propietario, la realidad es que son áreas habitadas. Segura advierte que lo que parece suceder con Los Sosa y con parcelas de San Javier no es novedoso: que suele haber conflicto entre el Estado y las comunidades que habitan las reservas. "Cuando el control del Estado o comunidad es ineficiente o fracasa, el territorio se vuelve de libre acceso, condición que ha inspirado la expresión, "tragedia de los comunes", apunta. Una parábola tan válida para San Javier como para Los Sosa, que enunció en 1968 Garret Hardin, y cuya moraleja podría sintetizarse así: "lo que resulta racional desde el punto de vista individual (la explotación irresponsable de áreas verdes, en estos casos) puede llevar a un desastre colectivo".