Reniegan porque están confundidos. Ellos lo llaman folclore, pero en realidad son acciones intolerables que amenazan con matar la pasión en los estadios de la provincia. La última víctima fue Jairo Castillo que no dudó en rescindir su contrato con Atlético después de haber soportado un durísimo ataque. Públicamente no realizó ningún comentario, pero entre sus amigos y compañeros de plantel tiró una dura frase: "jamás me insultaron tanto". Eso le dolió más que tener que esquivar la botella que le arrojó un plateísta "decano".

No todos los hinchas actúan así, pero cada vez son más los fanáticos que, por pagar una entrada, se creen con derecho a insultar, discriminar y hasta agredir. En 25 de Mayo y Chile no la pasaron para nada bien los paraguayos Fabio Escobar y Fabio Ramos, que fueron duramente castigados por su flojo nivel, agravados por su origen. El técnico Jorge Solari, el que logró el ascenso a la B Nacional, recibió un escupitajo de un cobarde que terminó escondiéndose en la multitud.

Eso no es todo: cuando Ariel Ortega jugaba en Independiente Rivadavia, los "decanos" lo recibieron con una lluvia de cajas de vino vacías. Recordaron así sus problemas con el alcohol.

"El nivel de intolerancia de la gente es increíble. El club no se banca más la conducta de estos hinchas. Personalmente no creo que lo de Castillo tuviera un tinte racista, pero de todas maneras me pareció desubicado el trato que le dieron", comentó Mario Leito, presidente de Atlético. También lamentó la actitud de los plateístas que dejan sus asientos para insultar y hasta agredir a los jugadores y al técnico. "Supuestamente estamos hablando de gente bien, pero no lo son", agregó.

En La Ciudadela tampoco están ajenos a este triste fenómeno. El chileno Cristian Canio soportó de todo. "Acá no están cómodas", explicó cuando despidió a su mujer e hija en el aeropuerto Benjamín Matienzo. Después quedó en boca de todos cuando reconoció que un grupo de hinchas había apretado a todo el plantel. Rescindió su contrato con lágrimas en los ojos por todos los malos tratos que recibió en su estadía en la provincia.

Otro caso es el de Daniel Pereira. Era "Gardel" por su entrega, pero cuando veía una tarjeta amarilla o una roja, varios se acordaban de su origen o de su color de piel. Y, mucho más reciente, el técnico Pedro Damián Monzón soportó insultos por su pasado.

Y en el mal llamado folclore futbolero hay cánticos y apodos que nadie reconoce como discriminatorios. La prueba no sólo son los sobrenombres despectivos de Atlético y de San Martín y de los clubes del interior de la provincia que, en su mayoría, participan en el torneo de la Liga Tucumana de Fútbol. Los hinchas de cualquier equipo de Jujuy son atacados con cánticos xenófobos. El último incidente se registró en el Monumental en septiembre, cuando el "lobo" venció a Atlético por 2 a 0. Todos en el estadio escucharon la letra de una canción menos el árbitro Juan Pablo Pompei que, como indica las normas de AFA, debió haber suspendido el encuentro hasta que los fanáticos dejaran de insultar. Darío Zamoratte, presidente de la LTF, también fijó postura sobre este tema. "Esta situación se da fundamentalmente con los jugadores que son profesionales. La gente tiene la idea de que los extranjeros cobran fortunas y, cuando no rinden, reaccionan de la peor manera y los atacan por su origen", explicó el directivo, que dejó bien en claro que esto no tiene nada que ver con el folclore.

Sin denuncias
En la delegación local del Institución Nacional Contra la Discriminación, la Xenobia y el Racismo (Inadi), no se presentó ninguna denuncia sobre ataques en el fútbol, pero son perfectamente conscientes de que la intolerancia está presente en los estadios. El organismo estuvo presente en varios encuentros y el resultado siempre fue el mismo: detectaron cánticos ofensivos y discriminatarios en contra de los jugadores y de las hinchadas rivales.

En 2010, con la presencia de periodistas y especialistas en la materia, dictaron una charla. "Fue una muy buena experiencia, pero lamentablemente no fueron directivos", confió una fuente. Pero todas las buenas intenciones murieron desde que el organismo se encuentra acéfalo. Así se hace más difícil pelear contra la intolerancia.