Suelo preguntarme cómo viven estas fechas (la Navidad, el Día de la Madre o el del Padre, un domingo de Pascua) determinados personajes con los que convivimos en diferentes planos de nuestra cotidianidad. Cómo será, por ejemplo, la mesa del chico que duerme en la peatonal flanqueado por los patos. Qué harán los pobladores de la ex plaza de Suipacha y San Juan, transformada de rincón infantil en asentamiento precario. Podríamos llenar páginas y páginas con los ejemplos. ¿Cuáles pueden ser los motivos para emocionarse o disfrutar de la gente que carece de contención, esa de la que casi nadie se ocupa?

Lo que lleva, inevitablemente, a pensar en la Pascua de los poderosos. ¿Cómo será el almuerzo familiar de los que mandan? ¿Les pesará un poquito la conciencia o están tan acorazadas por la soberbia y la impunidad que les resbala la realidad de este Tucumán tan pero tan castigado? A veces los grados de disociación entre los discursos y las carencias de la sociedad (materiales, culturales y espirituales) son tan abrumadores que la respuesta no deja margen para el optimismo.

Un Tema Libre de Pascua debería regalar un espacio para la esperanza. Pero es difícil, estimado lector, muy difícil cuando la materia prima de la que nos nutrimos cada vez que pisamos la calle va en sentido contrario. Y no podemos, bajo ningún punto de vista, mirar para otro lado.

Este Tema Libre es, simplemente, una invitación a pensar un ratito en la necesidad de construir muchas redes solidarias. A los responsables (qué bien les cabe el apelativo de culpables, ¿no?) ya sabemos que el tema no les interesa.