Hace poco más de dos siglos, en Gran Bretaña había más de 200 conductas penadas con la muerte; algunas ni siquiera eran delito sino actitudes consideradas antisociales y presumiblemente preparatorias de un ilícito, como la amistad con gitanos o el estar disfrazado en un bosque; o robos menores, como los de ropa o de zanahorias.
Las ejecuciones eran jornadas festivas, casi feriados oficiales. Se las llamaba Día de la Horca, y congregaban multitudes; los libros de historia aseguran que se reunieron 40.000 personas en un doble ajusticiamiento en 1807. No habían distingos de sexo o de edad: hay casos de niñas de siete años y de varones de nueve por el hurto de tizas de colores de valor ínfimo.
Los excesos llevaron a replantear el conocido como Código Sangriento británico, nacido de la necesidad de forjar un Estado firme y duro para controlar a las masas de descontentos surgidas de la revolución industrial. A partir de su máxima expresión, comenzó un declive con cada vez menos casos aplicables, hasta su eliminación absoluta, aprobada el 10 de octubre de 2003.
En los últimos años, hubo una reducción significativa en la cantidad de países donde se aplica la pena capital. Un reciente informe de Amnistía Internacional (AI), destacó que en 2011 sólo en el 10% de las naciones del mundo hubo ejecuciones dispuestas por un tribunal, en cumplimiento de la ley vigente: tuvieron lugar en 20 de 198 Estados, 11 menos que en 2002 (una importante merma del 30%).
"Cada vez estamos más cerca de un mundo sin pena de muerte", señaló AI. Sin embargo, alertó que 676 personas fueron ejecutadas el año pasado, 149 más que en 2010 pero 38 menos que en 2009.
La cifra que no incluye a China, donde no hay datos oficiales (la fundación estadounidense Dui Hua calcula que hubo unas 4.000 condenas a muerte consumadas durante 2011, casi el 600% más que en todo el resto del planeta junto). El número sólo contempla los 360 casos reconocidos por Irán, aunque se presume que se registran menos que los reales. Hubo un notable incremento de las ejecuciones en Oriente Medio, hasta casi un 50% más que en 2010.
"La inmensa mayoría de los países se han distanciado de la aplicación de la pena de muerte. Nuestro mensaje a los líderes de la aislada minoría de naciones que continúa ejecutando personas es claro: en esta cuestión van a la zaga del resto del mundo, y ya es hora de que tomen medidas para poner fin a esta pena, la más cruel, inhumana y degradante. No va suceder de la noche a la mañana, pero llegará el día en que pase a la historia", sostuvo el titular de AI, Salil Shetty.
La organización humanitaria advirtió que los delitos castigados con la muerte abarcan el adulterio y la sodomía en Irán; la blasfemia en Pakistán; la brujería en Arabia Saudita; el tráfico de huesos humanos en el Congo, y delitos relacionados con las drogas en más de 10 países. Entre los métodos de ejecución usados figuraron la decapitación, el ahorcamiento, la inyección letal y el fusilamiento.
Hay 18.750 personas sentenciadas a la pena máxima en el mundo, muchas de ellas tras juicios que no respetaron las normas internacionales sobre garantías procesales (se constataron confesiones bajo tortura y coacciones). Para ellos, la angustia comenzó hace tiempo y no tiene fin. Para ellos, las estadísticas no son simples números.