Si se les pregunta a investigadores cazadores de infieles, a jueces, a abogados, a terapeutas, qué pasa con la infidelidad hoy, todos coinciden en que ese fenómeno ha perdido su tradicional carga moral. Sin embargo, en estos tiempos de "trampas unisex", los varones parecen ser los que más sufren el impacto subjetivo, psicológico, de la infidelidad de su pareja. Y otro dato propio de estos tiempos: la oficina aparece como uno de los territorios en los que crecen los amantazgos, según asegura el investigador privado Fernando B. que afirma, contundente, que la infidelidad hoy no tiene sexo.

Sin embargo, el varón soporta menos la infidelidad que la mujer, asegura la camarista de Familia Graciela Valls de Romano Norri. Y dice que tan insoportable se le vuelve el hecho al hombre, que hasta el término lo perturba. "Muchas veces se busca semánticamente la causal de "injurias graves", porque al hombre le cuesta aceptar que la mujer le ha sido infiel", afirma la magistrada. No obstante, reconoce que ese reemplazo también se concreta a veces para afectar menos a los hijos.

La abogada especializada en Derecho de Familia Silvia Furque de Morfil coincide con la camarista en la percepción de que la infidelidad, hoy, es un hecho que perturba muy enfáticamente a los varones.

"En los últimos tiempos, he tenido cinco casos en los que los hombres me han pedido iniciar peritajes judiciales de ADN para saber si los hijos que ellos criaron son realmente suyos", grafica la abogada. Pero hay más "efectos colaterales" de esta flexibilización de los vínculos sociales y sexuales. "Me ha ocurrido que he tenido clientes que participaron con sus parejas en experiencias de swingers (intercambio de parejas) y que luego vinieron a preguntarme si pueden iniciar divorcio por infidelidad porque sus parejas se fueron con el "invitado"", afirma la letrada.

La abogada insiste en el dato de que la infidelidad, hoy, no distingue sexos. "Los hombres acuden a la justicia acusando a su esposa de infiel, pero eso es difícil de probar y termina en una injuria grave. Vi varias sentencias condenando a uno u otro cónyuge e incluso a ambos por esta causal, pues las pruebas eran contundentes y llevaron al juez a la cierta y clara convicción de que se había cometido adulterio. Para eso se usaron todo tipo de pruebas, grabaciones, filmaciones testimoniales, fotos. Las filmaciones y las fotos tienen que ser muy expresas para que sirvan como tales; y los jueces, usando la sana crítica racional, al valorar esas filmaciones y fotos, más testimonios, pueden sentenciar diciendo que se probó el adulterio certeramente. Caso contrario, refiere que son actos que injurian al cónyuge ofendido", añade Furque.

La camarista Valls de Romano Norri afirma que por sus manos no han pasado muchos planteos de infidelidad "informática". De todos modos, sostiene que, entre las pruebas enumeradas en el Código Procesal, "deja abierto a avances tecnológicos, como los mails o conversaciones grabadas". Pero que estos deben ir acompañados de otros elementos, porque muchas veces no hay certeza sobre la identidad de la persona que está detrás del chat o del mail.

El diálogo con Fernando B. transcurre en el bar de una estación de servicio, lejos del centro. El hombre, un policía retirado, cuenta que el 70% de sus "cuentas" son pedidos de seguimiento por infidelidad, tanto en hombres como en mujeres (en especial profesionales que pueden pagar un mínimo de $100 la hora de tarea) Sin embargo, reconoce que el trabajo ha ido mermando en estos tres últimos años. "Es como que hay un cambio de mentalidad", advierte Fernando, retratando con su vivencia ese cambio de época del que hablan quienes quieren eliminar del Código Civil la más que centenaria figura del infiel.