Ayer tendría que haber matado a mi madre y a mi hermana, pero en vez de apuñalarlas, me comí medio lemon pie y lloré.

Mi hermana menor se casa en nueve meses y ayer a la noche nos invitó a cenar a su casa para contarnos (Igual creo que mi mamá ya sabía).

Brindamos, comimos cosas ricas (yo demasiadas), discutimos un poco, hablamos de tipos de fiestas, vestidos, menúes. De las cosas típicas. Todo fue relativamente lindo (y eso es mucho viniendo de mi familia). Pero duró poco (lo lindo). De repente, sin querer, cuando estaba en el baño pegado a la cocina lavándome las manos, escuché a lo lejos una conversación que me dejó muda hasta ahora, que estoy escribiendo esto, y que por fin pude ordenar un poco las ideas y pensar en qué voy a hacer.

Mi mamá le decía a mi hermana que esta boda iba a ser muy difícil para mí, porque yo era la mayor. Que yo tenía el peor trabajo (soy periodista y gano una miseria, es cierto), que no tenía pareja (¡ella qué sabe!), que estaba gorda (Mmm, 12 kilos, ponele), que mi vida era un desastre. Y que encima, seguramente iba a tener que ir sola al casamiento, lo que iba a ser "doblemente triste para mí y para toda mi familia que siempre me ve llegar sola, deprimida y vestida de negro a todos lados".