Recorre calles, barrios, escuelas, plazas, oficinas, villas miseria, colegios, cárceles... No se detiene nunca. Su avance es cada vez más notable en los distintos sectores de la sociedad. No hace distinción de edad ni de niveles sociales. Desde hace tiempo, la droga viene golpeando a la sociedad tucumana. No todo se reduce a vendedores, distribuidores y consumidores. Se ha llegado al punto que el comercio de sustancias ilegales se ha convertido también en un medio de vida para familias, muchas de escasos recursos, lo cual refleja la peligrosidad de este flagelo que cada vez tiene mayor fuerza.

En 2011, se difundió un informe efectuado por especialistas en adicciones de 14 entidades públicas y privadas (la UNT, el Siprosa, el instituto Roca, la Municipalidad capitalina y distintas ONGs que asisten a adictos). Uno de los puntos más preocupantes fue el referido a la edad de los consumidores. En la última década la edad de inicio en el consumo de drogas descendió y en la actualidad, en numerosos barrios del Gran San Miguel de Tucumán, los chicos empiezan a consumir a los 5 y 6 años. El documento de las 14 entidades indicó que existía una grave deficiencia para asistir a adictos adolescentes en conflicto con la ley penal. El único centro de internación en la provincia, Las Moritas, es para mayores de 18 años sin causas penales y tiene capacidad para 21 pacientes. Dijeron que se observaba una deserción escolar más temprana de los adictos y muchos de ellos eran analfabetos.

Hace dos años, seminaristas que desarrollaban una labor social en La Costanera, donde el consumo de droga es emblemático, pusieron de relieve el fuerte problema afectivo de los jóvenes. "Necesitan sentirse escuchados y acompañados. Están muy solos", dijo uno de ellos, que aclaró que también hay muchos chicos y adolescentes sanos en la zona. "Buscan desesperados una respuesta a tanto vacío. Necesitan educación y contención porque ellos no se sienten importantes y, por lo tanto, no valoran su vida", sostuvo otro. Pero no sólo los barrios de La Costanera requieren una urgente atención social, también El Chivero, La Bombilla, El Sifón, entre otros sectores marginados, donde aportan su grano de arena organizaciones no gubernamentales.

Hemos señalado en esta columna en otras oportunidades que a menudo se sanciona al consumidor y no se pone énfasis en castigar al vendedor, al narcotraficante; se trabaja sobre el efecto, no sobre la causa. Es necesario enfrentar el flagelo de la droga desde varios frentes y ello puede lograrse con una política de Estado abarcadora.

En abril de 2010, la Legislatura sancionó por unanimidad la primera ley general para la prevención y asistencia a las adicciones que prescribe la constitución del Consejo Provincial de las Adicciones con representantes de todos los sectores del Estado: Educación, Salud, Seguridad, Desarrollo Social, ONG, universidades, pero aún no se conformó. ¿Qué hará falta para que esta valiosa herramienta se ponga en marcha? En todo gran negocio, siempre hay quienes ganan mucho dinero, y la droga no es una excepción; el problema es que destruye a los que la consumen. Los intereses creados son tan poderosos que hacen difícil, sin duda, derrotar a sus personeros, que suelen estar enquistados en el poder económico y político. Es necesario combatir este flagelo desde distintos flancos y en forma organizada, tomando la educación como principal eje.