"No se toma el salario como variable de ajuste ni se trata de enfriar la economía, sino que se implementan políticas destinadas a estimular la producción y el consumo de los ciudadanos". (Mensaje del gobernador José Alperovich al abrir el 107º período de sesiones Legislativas, el 1 de marzo de 2012)
Parece que algo cambió tanto que hizo que el gobierno de Tucumán cambiara su estrategia de políticas proactivas, para alentar al consumo, a incrementos impositivos que, de una u otra forma, afectarán el bolsillo de todos los tucumanos. Y es allí donde el impuestazo puede golpear el consumo. No es que a las palabras se las lleve el viento, pero en Tucumán debe haber pasado un huracán; sólo así puede explicarse que el año fiscal 2011 haya cerrado con funcionarios que, a los cuatro vientos, juraron que no tocarían alícuotas ni crearían nuevos tributos y, dos meses y medio después se llamaran a silencio porque no saben qué decirles a los contribuyentes. Sí hubo una rápida respuesta del fisco: una mayor acción fiscalizadora en los distintos rubros de la actividad económica. El efecto buscado era concientizar al contribuyente para que emita las facturas por las ventas realizadas. Eso dio resultado. Hoy, un comerciante mira al cliente con temor de que se trate de un inspector encubierto de la Dirección General de Rentas. Y hasta le ruega que retire el ticket. En Tucumán, por ahora, no cuajó la idea de crear la figura del agente encubierto, ese que puede ir a un local comercial a hacer compras y, ante un incumplimiento, labrar al instante actas de clausura y de multas al infractor. Hoy hay 500 sabuesos en las calles, a toda hora del día, controlando que todos paguen lo que facturan.
Pero ese temor de los comerciantes trasmutó a ira. Muchos consideran que todo el peso del fisco recae sobre ellos. Y que poco se hace para seguir ampliando la base tributaria. Algunos dirigentes políticos y empresariales también recuerdan el discurso del mandatario, de hace casi tres semanas. Al iniciar el mes, Alperovich había dicho que ha quedado atrás el Tucumán agobiado por las deudas. Es verdad; desde la asunción de Néstor Kirchner, en 2003 hasta estos días de gestión de Cristina Fernández, la Nación se ha encargado de aliviarles la carga fiscal a las provincias. Fueron años de bonanza -primero- y de cierta tranquilidad financiera -desde 2009 hasta ahora-. Y aquí surge otro cuestionamiento: ¿si la Nación le dio, a fines de 2011, dos años más de gracia para que Tucumán no pague sus deudas, por qué el gobierno exige más a los contribuyentes trasladando el peso de una suba en Ingresos Brutos al comercio, la construcción y los bancos? La respuesta del Estado no debe fundarse en impulsos del momento, por desencuentros con tal o cual entidad que cuestiona la reforma al Código Tributario, sino por cuestiones de fondo, en el que el propio Estado predique con el ejemplo, achicando más el gasto público.
La "sintonía fina", una de las denominaciones oficiales para evitar la palabra ajuste, les llegó a las provincias. La Casa Rosada está girando menos fondos a los gobernadores; muchos de ellos no saben cómo hacer frente a las demandas salariales en cada uno de sus distritos. El mundo de Alperovich ya no es tan maravilloso como hace dos años. O al menos es así como lo quieren pintar en la Casa de Gobierno. Hoy se promueve una suba impositiva que golpea con más fuerza a sectores generadores de empleo. Así, la tasa de desempleo difícilmente se sostenga en el 3,1%. Mientras tanto, ya empezó la peregrinación a la Rosada para pedir otra ayuda financiera federal que posibilite a Tucumán cerrar este año con equilibrio fiscal. ¿Será que eso de la independencia política y financiera sigue siendo una utopía?