AMAN.- Los rebeldes sirios enfrentaron a las fuerzas del Gobierno en Damasco ayer, en los combates más violentos registrados en la capital desde el inicio de la revuelta contra el presidente Bashar al-Assad el año pasado. Los enfrentamientos cerca de la base de poder de al Assad parecieron ser un intento de los rebeldes -que fueron expulsados de Homs e Idlib y sufrieron ataques en la ciudad oriental de Deir al-Zor- de demostrar que aún representan un serio desafío. Los fuertes combates interrumpieron la calma en el distrito al-Mezze, donde hasta seis rebeldes dispararon una granada propulsada por cohete contra la casa de un general del Ejército, dijo Rami Abdulrahman, director del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, basado en Gran Bretaña. Citando a residentes locales, agregó que hombres armados se refugiaron en un edificio donde se enfrentaron con soldados. Tres rebeldes y un miembro de las fuerzas de seguridad muertos murieron, según la agencia de noticias oficial SANA.

La confrontación armada se produjo apenas dos días después de un doble atentado con coche bomba que mató a al menos 27 personas en el corazón de la ciudad, elevando el temor a que la capital se hunda en el caos. "Estos choques fueron los más violentos y los más cercanos a la sede de las fuerzas de seguridad en Damasco desde el estallido de la revolución siria", dijo Abdulrahman.

Imágenes de video mostraron un incendio en los últimos dos pisos de un edificio de apartamentos, cuyas paredes y escaleras tenían agujeros de bala y metralla. Los reportes desde Siria no pueden ser verificados independientemente debido a que las autoridades restringen el ingreso de periodistas.

Los últimos episodios de violencia coincidieron con la llegada a Damasco de un equipo de cinco expertos, encomendado por el enviado de Naciones Unidas y la Liga Arabe, Kofi Annan, para discutir propuestas para desplegar observadores internacionales en el país.

Al Assad está luchando por la supervivencia de su dinastía familiar, que ha gobernado Siria con puño de acero durante más de cuatro décadas. Por ello, él ha rechazado los pedidos de gran parte de Occidente y el mundo árabe para que renuncie.

Sus tropas han lanzado feroces ofensivas en las últimas semanas, recuperando mucho del terreno perdido, pero la violencia no ha disminuido y los analistas advierten el riesgo de una guerra civil entre la secta minoritaria alauita de al Assad y los musulmanes suníes, que componen el 75 % de los 23 millones de habitantes.

Testigos dijeron que combatientes pro-al Assad atacaron la ciudad suní de Deir al-Zor ayer para capturar áreas controladas por el Ejército de Siria Libre, una fuerza de resistencia dispar y con pocas armas liderada por desertores del Ejército. Residentes de Damasco indicaron que los enfrentamientos en al Mezze incluyeron un ataque rebelde en un área cercana a la casa de Assef Shawkat, cuñado del jefe del régimen y vicejefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas.

Naciones Unidas estima que más de 8.000 personas murieron y cerca de 230.000 tuvieron que escapar de sus hogares, incluyendo al menos 30.000 que huyeron del país. El Gobierno, en cambio, asegura que 2.000 miembros de sus fuerzas de seguridad perdieron la vida en la revuelta. (Reuters)