Julio Grondona jugará una de sus cartas más fuerte desde que es presidente de AFA. Oficialmente, dará a conocer mañana su proyecto de reestructuración del fútbol nacional. Nada tiene que ver con el megacertamen de 44 equipos que sedujo al kirchnerismo, ni al llamado Súper Liga creado por sus hombres. Lo suyo no es más ni menos que un lavado de cara para intentar saciar a las bestias.

A repasar. La idea de Don Julio es que sólo haya tres ascensos a Primera, que se mantengan los promedios de descenso, los torneos cortos y que se eliminen las dos promociones que se disputan. Así el sueño de los directivos de las categorías menores de insertarse en el mundo de Primera estalló como una pompa de jabón. De los 24 posibles ascensos del primer proyecto, se pasó a los 10 y ahora a los tres, una chance menos de los que están en juego actualmente.

Dicen las malas lenguas que Grondona no estará en la reunión del Comité para tratar su idea y rechazar la de Súper Liga. Será otro ladero, posiblemente Luis Segura, el que transmitirá la noticia. Según las mismas fuentes, tirará la pelotita para que analicen el asunto y, una vez que el fútbol entre en receso, se tomará una decisión definitiva.

Todos los presidentes de Primera, los representantes de la B Nacional, Primera B, C y D y los del Consejo Federal -nuclea a las ligas del interior- tendrán que explircarles a sus asociados por qué Grondona insiste con mantener el odiado sistema de promedio y por qué insiste con aferrarse a los torneos cortos. Son puntos eternamente rechazados por la patria futbolera desde hace mucho tiempo.

Mientras ello ocurra, Don Julio se encargará de hacer la tarea sucia. Se sentará con los representantes del Gobierno para renegociar un incremento en el pago del Fútbol para Todos que, casualmente, vence en agosto. En realidad, las conversaciones ya se iniciaron. El martes, día en el que Nicolás Russo presentaba el proyecto de la Súper Liga, el presidente de AFA se reunía en la Casa Rosada con funcionarios para comenzar a definir cómo harán los clubes para presentar sus balances donde deberán explicar qué hicieron con los más de $ 2.500 millones (N del R: no están contemplados los $ 225 millones que Aníbal Fernández, vicepresidente de Quilmes, decidió dar antes dejar su cargo de Jefe de Gabinete) que recibieron del Estado desde 2009, temporada en la que se puso en marcha el sistema.

Las negociaciones se saben no serán sencillas. Grondona sabe que no es un buen momento para renegociar nada. En el año en el que se eliminaron todo tipo de subsidio, será muy complicado pedir más fondos en un negocio que no dejó ningún tipo de ganancias desde que se puso en marcha hace tres años. Es conciente que un mal movimiento le puede generar un dolor de cabeza. La federalización del fútbol es una gran herramienta para manejar el humor de un país. Está tranquilo, porque en definitiva, como tiene grabado en su anillo, todo pasa, incluso, los maquillajes.