BERLÍN.- Su predecesor se retiró de su cargo como presidente de la República Federal de Alemania envuelto en una trama de corrupción y amiguismo. Por lo que no genera sorpresa que el undécimo mandatario alemán desde la Segunda Guerra Mundial sea un referente moral, sin afiliación partidaria y enormemente popular. Joachim Gauck, símbolo de la lucha por la democracia en la extinta Alemania comunista (RDA), ganó la votación en la Asamblea Federal en Berlín con una abrumadora mayoría cercana al 80 por ciento .

El ex pastor protestante de 72 años sucede a Christian Wulff, con quien había perdido en las elecciones de 2010, y que en ese momento era apoyado por la actual canciller Ángela Merkel.

Gauck recibió 991 votos de los 1.232 emitidos en la Asamblea Federal gracias a un consenso inédito entre la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, sus socios liberales (FDP) y las dos principales fuerzas de la oposición, socialdemócratas (SPD) y Verdes.

El principal candidato alternativo era Beate Klarsfeld, una activista anti nazi de 73 años, presentada por el partido coscomunista de la izquierda, que obtuvo 126 votos. El historiador revisionista Olaf Rose, propuesto por los ultraderechistas del NPD, recibió tres votos. Se abstuvieron 108 delegados y hubo cuatro votos no válidos.

"¡Qué hermoso domingo!", fueron las primeras palabras de Gauck como nuevo presidente. En un breve y emotivo discurso ante la asamblea recordó la primera vez que votó en unas elecciones libres hace exactamente 22 años, el 18 de marzo de 1990. En ese momento histórico los ciudadanos de la RDA acudieron a las urnas tras 56 años de dictadura. "Nunca olvidaré esa elección. Tuve que esperar demasiado tiempo para poder participar. Sentí la felicidad de la liberación, pero también de la responsabilidad", señaló.

La principal responsabilidad que afrontará ahora será restaurar la confianza de los ciudadanos en la figura presidencial. El prestigio del cargo, que tiene atribuciones sobre todo protocolares, quedó dañado por las polémicas renuncias de Wulff y de su antecesor, Horst Köhler.

En una primera reacción, Merkel celebró la elección y minimizó las diferencias que mantiene con Gauck. "Aquí no se trata de dar lecciones, sino de aportar opiniones que en la mayor parte de los casos refuerzan una democracia", dijo la canciller, que en un primer momento había rechazado la candidatura de Gauck, pero terminó forzada a apoyarla ante el aval que le dieron el resto de fuerzas. Los analistas sospechan que Merkel rechazaba al candidato porque apoyarlo implicaba aceptar su error en la votación de 2010, cuando impuso a Wulff. Pero también la veteranía y la independencia de Gauck, que promete ser un presidente "incómodo" y con voz propia, pudo explicar los reparos de Merkel.

"Sin duda no podré cumplir con todas las expectativas", dijo Gauck tras la votación en el edificio del Parlamento en Berlín. "Pero puedo prometer una cosa: que digo 'sí' con toda mi fuerza y con todo mi corazón a la responsabilidad que hoy me entregan", agregó.

Con esta elección la primera potencia europea tiene un presidente y una canciller procedentes de la RDA por primera vez desde la caída del Muro de Berlín hace 23 años. (DPA)