Segura y conmovida, caminó frente a los jueces. Se sentó ante el estrado y evitó siquiera mirar de reojo a Miguel Ángel Moreno. Emma del Valle Aguirre, un ama de casa de León Rouges, relató el secuestro y los vejámenes que vivió en 1977, a metros de quien acusó como uno de sus torturadores. A 35 años del hecho, la mujer tomó valor y dio detalles precisos y contundentes de la noche en la que un grupo de encapuchados se la llevó, primero hasta una comisaría y, luego, al centro clandestino de detención que funcionó en el ex ingenio de Nueva Baviera.

"¿Señores jueces, cuál a sido mi culpa? ¿Ser vecina de don Angel Giménez?", espetó. Ocurre que se cree que la mujer fue secuestrada tras socorrer a la familia de Giménez, luego de que le incendiaran su vivienda. Las familias declararon no tener trato cotidiano antes de esa noche.

Aguirre había relatado que durante una sesión de tortura, se le liberó una mano y pudo levantarse la venda de los ojos (era un vestidito de una de sus hijas que los militares le ataron en su casa, antes de llevársela). Manifestó que vio a Moreno colocándole un a botella en la boca mientras le aplicaban la picana eléctrica y que Antonio Domingo Bussi la golpeó con un fusil en el pecho.

"Me liberaron el 5 de marzo. Esa noche me preguntaron cómo quería morir: si a 1.000 metros de altura, en los cerros, o a dos metros bajo tierra, con un litro de nafta. Después, me llevaron a un descampado. Me dijeron que me dejarían y que cuente hasta 100. Conté despacito y me saqué los alambres de los pies. Caminé descalza al costado de la ruta y me seguían dos autos y una camioneta. Un camionero quiso ayudarme y escuché el sonido de las armas", precisó. Las hijas de Aguirre brindaron más detalles del reencuentro de la familia con la mujer. Olga tenía entre 8 y 9 años cuando se llevaron a su mamá. Relató que una noche de tormenta alguien golpeó con fuerza la puerta. Era Emma. Estaba descalza, empapada y cada centímetro de su piel estaba rojo o morado. "Tenía la espalda destrozada, estaba lastimada. Mi papá la calmaba y le decía que ya pasaría", especificó.

"Nunca hablamos de esto. Hace poco me enteré y comprendí los silencios de mi mamá. Quiero justicia, porque alguien se creyó con la impunidad de hacer", concluyó. Su hermana Gloria, por su parte, mencionó que los días siguientes fueron muy tristes. "Mi papá hizo un asado al otro día por la liberación, pero ella no podía mirarnos a la cara", cerró.