Hay una nueva generación política que de la mano del alperovichismo sonríe, baila, canta, se enriquece y, a veces, da pena. Ramiro González Navarro se anotó en esta última apreciación. Este legislador fue el secretario general de la Gobernación que, cual cancerbero del gobernador, era sinónimo de prolijidad. Esta semana dio una tristísima imagen. Se desgañitó defendiendo el Código Tributario. Le puso el pecho a las balas cuando desde todos lados disparaban contra esa lucubración alperovichista. No importaba si las críticas eran buenas, razonables o lógica. "El Jefe" decía que no se tocaba, y punto. Ocurre que tras un mes de idas y venidas, José Alperovich dijo que las críticas estaban bien y que había que cambiarlas. Al gobernador le encanta mostrarse como un hombre abierto, dispuesto a cambiar y aceptar los señalamientos. Pero esa es la imagen hacia afuera; porque hacia adentro sólo consigue demostrar que sus espadachines son marionetas que no piensan, y que si derraman una idea vale sólo en la medida en que le guste al mandatario.
El alperovichismo aplica un sistema de ensayo- error con la política y con las leyes. Esta curiosa forma de administrar se apoya -lamentablemente- en el criterio decisorio de una persona. Cuando eso ocurre, hasta los humores personales tiñen con susceptibilidades, rencores, amores y odios la asepsia de las cuestiones públicas. Por el contrario, cuando las decisiones son colectivas, compartidas y consensuadas -aun en el entorno íntimo- las leyes y acciones del poder son un lujo para todos. Así, "lo necesario" deja de ser "lo que necesito".
"Ya sabemos las posturas de ellos (los contadores); tampoco quiero ser hipócrita", llegó a decir el mandatario, el 23 de febrero, al ser consultado respecto de si recibiría al grupo que encabeza el Colegio de Graduados en Ciencias Económicas. También se opusieron a hablar con ellos el recaudador Pablo Clavarino y González Navarro. Si hasta la Federación Económica vio como apestoso al Colegio y trató de ningunearlo. Ahora, después de las palabras del gobernador, las quejas se convirtieron en música celestial para los oídos de todos.
El jueves la Cámara le dio legalidad al manejo provincial del Fondo Federal Solidario, que destina el 30% de los dineros que deja la soja al Estado nacional para que se hagan obras en los municipios. Pero parece que este "yuyo" está predestinado a armar algún revuelo. En el flamante y lujoso recinto del edificio legislativo la legisladora radical Silvia Elías de Pérez quedó ronca de advertir desigualdades del plan. "Un programa que sorprende por ser federal, en Tucumán se convierte en central", señaló. Criticó además que no se hicieran licitaciones para las obras aplicando el consabido axioma alperovichista que prevé que la atenta mirada del Poder Ejecutivo alcanza para elegir a los empresarios. Elías de Pérez sugirió que se hicieron mal las cosas en Alberdi y dejó abierta la sospecha sobre vínculos familiares entre algunos asfaltadores e intendentes del interior. En realidad, la mujer no hizo más que subrayar lo que escuchó de sus pares oficialistas.
Domingo Amaya es uno de los intendentes más golpeados por la forma del manejo del fondo soja dispuesta por el Ejecutivo. Los amayistas se quejan de que es el legislador Guillermo Gassenbauer quien decide las calles a pavimentarse en la capital y no la estructura municipal. Sin decir palabra, la legisladora Beatriz Avila confirmó estos hechos al hacerse invisible en el momento en que se votó esta ley. En cambio, el hijo del superministro, Jorge Gassenbauer, defendió el sistema determinado por José.
Gassenbauer -hijo- presumió de su poder cuando comentó que existía la idea de que la Legislatura sesionara el 24 de marzo. El radical Ariel García hizo gala de su picardía preguntándole al titular de la Cámara, Regino Amado, si había un doble comando en la Legislatura. El fotográfico presidente subrogante respondió que Gassenbauer informó porque había estado en Buenos Aires cuando se decidió eso y él se encontraba reemplazando al gobernador que había viajado y por lo tanto… La aclaración de Amado oscureció su rol y profundizó la llaga que había abierto García. Es que la renovación legislativa por medio de sangre joven se encarnizó en la Legislatura a través de los "sijosesistas" Gassenbauer y Marcelo Ditinis, que más que reconstruir la nueva política parecen secretarios privados con mandato cumplido. Alperovich, al utilizar a estos flamantes legisladores, desdibuja a históricos como Roque Alvarez que preside un bloque que se conduce desde otro lado.
A diferencia de la composición legislativa anterior, que era una escribanía de José, la Cámara actual está empezando a sacarle brillo al debate y, curiosamente, ha comenzado a mostrar diferencias en el oficialismo. Los amayistas, por un lado; los nuevos alperovichistas, que imaginan un futuro legislativo de ocho años; y los viejos, que ven que el final del camino se encuentra dentro de tres años, si no hay reforma constitucional. Los jovenzuelos Gassenbauer y Ditinis no son los más mimados en la Legislatura pero la cercanía con el gobernador les ha dado un poder que más de uno envidia.
Necesidad unitaria
La reforma de la Carta Magna tucumana tampoco tiene independencia. Sea para utilizarla o no (en este caso dejaría el trono a su esposa), Alperovich no moverá un dedo para modificarla y sólo se subirá a esa ola si es que la Nación lo hace. Hay un plan piloto en marcha y el 15 de abril se hará un pequeño ensayo en el teatro tucumano: ese día se debatirá sobre la reforma nacional, de mano de una agrupación kirchnerista cercana a Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia. La idea sería debatir el régimen electoral. Sostienen que hoy, con los electores de los tres distritos más populosos del país basta para elegir presidente; por tanto, analizarán otras formas, incluso la vuelta del colegio electoral. Obviamente, todo servirá para dar mejores argumentos para incluir la reelección presidencial.
Con el objetivo de poner en autos al gobernador sobre estos hechos, Marisol Aranguren visitará Tucumán. La rubia asesora de Parrilli vendrá esta semana que se inicia.
Parejita en escena
El radicalismo salió a escena con las actuaciones de Elías de Pérez a nivel provincial y del senador José Cano en la Nación donde dio a luz la investigación sobre irregularidades en el manejo de fondos de Salud. Mostró documentación en la que se pregunta por qué se habría hecho operaciones a pasivos de más de 170 años, entre otras irregularidades increíbles y millonarias.
Pero la obra radical nunca termina con una pareja en escena. Las peleas internas alteran la calma. Siguen sin ponerse de acuerdo para tener un candidato único para conducir el partido. No lograron ponerse de acuerdo entre un puñado para conducir el bloque de legisladores, menos aún para superar la crisis generacional. Los más "viejos" se aferran a la candidatura de Rubén Chebaia y los jóvenes les reclaman la falta de pasión de los últimos años. El ex fiscal federal "Fredy" Terraf asoma como prenda de unidad, algo desconocido en la vida radical. De todos modos, sin consensos el poder seguirá siendo una utopía para esta legión de políticos.
Escena final
Más pragmáticos los radicales se atrincheran en la Universidad Nacional de Tucumán. El botín ahora es llegar al control de YMAD. Con el paso de los días las operaciones van dejando solo al final del camino al casi legislador Fernando Valdez, a quien las operaciones en su contra con denuncias y dardos parecen no hacerle mella. Es que el rector virtual, el diputado Luis Sacca, sigue poniendo su gente.