Insospechadamente algunos títulos de las películas se han incorporado al refranero popular. La novela "Río oscuro", de Alfredo Varela, fue llevada al cine a comienzos de la década de 1950, con dirección de Hugo del Carril. El galardonado film se llamó "Las aguas bajan turbias" y la frase quedó acuñada en la expresión del pueblo, como sinónimo de una realidad que pinta problemática. Y ello sucede desde comienzos del siglo XXI en materia ambiental.

En 2002, en Johannesburgo (Sudáfrica), durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, se hizo un llamado urgente para hacer frente al problema de la falta de líquido elemento. De acuerdo con el informe las Naciones Unidas, una de cada cinco personas en el mundo no tenía en ese entonces acceso al agua potable, mientras que alrededor de 2.400 millones carecían de condiciones adecuadas de salubridad. El Banco Mundial señaló, en esa ocasión, que en el año 2025, 48 países que tendrían en su conjunto una población de 1.400 millones, experimentarían graves problemas por la escasez de agua, mucho más que los 29 países con una población de 436 millones de personas, calculados en 1995.

En esta semana, se realizaron en Marsella (Francia) dos Foros Mundiales del Agua, uno "oficial" y otro, alternativo. El primero, organizado por el Consejo Mundial del Agua que fue creado por dos de las más importantes transnacionales del agua, convocó a ministros y responsables de agua y medio ambiente de 140 países, mientras que del segundo, tomaron parte ecologistas. A días de iniciarse los dos encuentros, las Naciones Unidas advirtieron que la demanda del agua dulce en el mundo está en aumento por el cambio climático, y que si no se hace nada, el planeta tendrá sed. En el foro "oficial" se indicó que discutir sobre el cambio climático y sus efectos en la crisis del agua no es suficiente y que es el momento de implementar soluciones. Se sostuvo que estas que deben implementarse a nivel global, regional, nacional.

En el coloquio alternativo, se afirmó que las grandes empresas detrás del Foro oficial buscan hacer negocios con el agua, vendiéndola a los que pueden pagarla. Los ambientalistas proponen otro modelo de desarrollo que evite el desperdicio del precioso líquido y reduzca los gases invernadero dañinos para el planeta. "La agricultura consume 70% del agua en el mundo. ¿Pero cuál es la que consume tanta agua? No es la que sirve para nutrir a la población local, es la agricultura industrial. Para reducir la presión sobre el agua, se debe cambiar de modelo de desarrollo, y pensar en el agua no como una mercancía, sino como un derecho universal", afirmaron.

Este debate que pareciera lejano a Tucumán, está más cerca de lo que creemos. La Organización Mundial de la Salud recomienda que se destinen entre 50 y 100 litros por día por habitante a fin de garantizar la salubridad. Sin embargo, en San Miguel de Tucumán, el promedio es de 450 litros por día por habitante, y de 650 litros en Yerba Buena, según estimaciones de la SAT. Ciudadanos, por otro lado, se quejan porque pagan el servicio, pero carecen de agua o hay baja presión en determinadas horas del día, en algunos sectores del Gran Tucumán y del interior.

La nuestra es una de las provincias que más cursos de agua tiene; muchos de ellos sufren de contaminación constante. Ello sucede porque el Estado generalmente no controla ni sanciona a los infractores y porque no existe una educación ambiental que nos lleve a cuidar los privilegiados recursos naturales que poseemos. El hombre puede vivir sin plata pero no sin agua. Sería positivo que lo comprendiéramos a tiempo y actuáramos en consecuencia para que las aguas no sigan bajando turbias.