Algunos apuntes de la Argentina que contextualizaba el universo Mafalda, 50 años atrás:
- Ella y sus amigos asistían a la escuela pública.
- Pertenecían a la clase media trabajadora, aspirante a la ascendencia social. El papá de Mafalda accede a su primer auto: un Citroen 3CV.
- Raquel, la mamá de Mafalda, es ama de casa. No tienen empleada doméstica.
- Mafalda es adicta a los informativos de radio. Su papá lee el diario en papel. La TV no es un habitante central del hogar.
- Hacen las compras en el almacén del barrio. El mismo que Manolito sueña con transformar en un emporio.
- Llevan fresca la marca de la inmigración. Ejemplos a la vista: Don Manolo y el abuelo de Miguelito, que hablaba maravillas de Mussolini.
- Los chicos juegan al ajedrez, al fútbol y a los cowboys en la plaza. Y leen. A Felipe lo apasionan las historietas. Mafalda se planta, prepara la mesita y la jarra de agua y pregunta: "papá, ¿qué es la filosofía?"
- Se van de vacaciones a la playa. En tren.
- Conviven la tradición conservadora familiar -los padres de Susanita- con los aires progresistas que soplan en la sociedad -los de Libertad-.
- La desconfianza en el sistema político ya está enraizada. Las viñetas en las que el papá de Libertad ya decidió a quién votar ("y anda con una cara, pobre...") son antológicas.
- No hay paz en el mundo. La amenaza nuclear está latente y China asoma como un gigante temible y desconocido. Mafalda mira el globo, habla con él, lo interpreta, lo psicoanaliza, lo mima.
Los planteos, los temores, las ilusiones, el análisis de la realidad que transmite ese universo Mafalda, concebido hace cinco décadas, se mantienen en esencia. La que cambió -para mal- es la Argentina. Por algo afirma Quino que si volviera a dibujarla, Mafalda sería más pesimista.