Organicé todas las visitas de Quino a Tucumán, incluso una muy grande que fue suspendida dos días antes por cuestiones de salud. Joaquín Lavado es un personaje muy querido. La última vez que firmó ejemplares en mi librería generó una cola que daba vuelta la manzana. Alguna vez, ponderando la manera en que organizaba las presentaciones, su editor me confesó que había bautizado a quien le cumplía las mismas funciones en otro país como el "Kostzer" que lo llevaba de un lado a otro. Esto debe hacerse, en el caso de Quino, con mucho cuidado, ya que se preocupa mucho de conocer las cualidades morales de sus anfitriones. La última vez que vino, un joven le preguntó cuándo una persona cede, cuándo "transa" con la realidad. Creo que Quino no lo entendió. Él nunca cedió y sigue siendo un observador implacable.