No hay baile, tampoco humor. A Atlético no le sale una. Mejor dicho, no encuentra la suya y después termina pariendo una pesadilla en su propia casa. Qué decir de este inicio de temporada. Está a la vista, ¿No? La suerte no se conjuga con sus buenas intenciones y todo termina por el piso. En nada. El equipo volvió a perder la brújula y el partido.
Lo de ayer podría tildarse de calco de lo sucedido la semana pasada, aunque la diferencia entre éste tropiezo y del "halcón" estuvo en la marquesina final. Esta vez fue 0-2. Con justicia. No hay nada que recriminarle a un "lobo" abroquelado a su idea de pies a cabeza, laborioso en todos sus frentes y astuto para anticipar la siguiente jugada del enemigo.
Es más, los platenses no entraron condicionados a ampararse en el empate. No, no. Sin gastar demasiado tiempo del reloj del siempre flojo de Baliño, encontró su primer gran chance antes del minuto. Trasladó de una esquina a la otra el balón y encomendó un centro a la cabeza de Choy. El lungo llegó forzado; cabeceó buscando cambiar el palo, pero encontró la salida. El susto quedó ahí, como un tirón de orejas, porque Vizcarra a los 2? tiró a las nubes lo que podría haber sido el 1-0 desde el vestuario. Con orgullo, el "decano" quiso parar la mano del atropello. Monetti le ahogó el canto sagrado a Barrado. Sacó un tiro libre esquinado pegado al palo derecho de un "Mono" con reflejos de gacela. Bien abajo.
Esa, quizás, fue la única y clarísima acción del dueño de casa en todo un tiempo. Hubo un buscapié con destino a Jairo que despejaron con los justo. Después, cero al as. Gimnasia no se quedó con esa. Y Choy, por porfiado y apurado, regalaba sobre el epílogo una ventaja cantada. Mano a mano y definición al palo desviada. Increíble.
Los sustos se habían transformado en ataques cardíacos. Ni hablar, entonces del rechazo apurado de Ischuk, un cabezazo buscando a un amigo "tripero" y la carrera mar de Capurro. Mucha fortuna para el invitado, nada para el otro. El volante superó a Galíndez y a Barone y tiró cruzado. Lucas no cuidó bien su palo zurdo. Voló tarde. Falla y gol. A las duchas...
En el inicio del segundo tiempo Jairo no cambió por amor un centro al mate perfecto de Zárate. Y chau, Atlético lentamente comenzó a desesperarse, a fallar y a derrumbarse. La ansiedad lo durmió, el error de Barone lo noqueó. El pelado quiso rechazar, pero la pelota voló a los pies del pulpo De Blasis. Al estilo delantero, el petiso se acomodó y definió por arriba. 2 a 0 y a nublar aún más este arranque inesperado en 25 y Chile.