Alguna vez hemos destacado, positivamente, el modo estricto y generalizado con que se acata, en San Miguel de Tucumán, la prohibición de fumar en los lugares públicos. Cualquiera puede advertir la unanimidad en el cumplimiento de la referida norma, unanimidad que existe desde el mismo momento en que entró en vigencia. Pero tal observancia contrasta, paradójicamente, con el desacato generalizado que rodea a otras. De ellas daremos solamente un par de ejemplos, seleccionados entre una lista nutrida.

Por ejemplo, la prohibición de utilizar el celular mientras se maneja un auto. Como es conocido, los celulares se han convertido, desde hace años, en algo que todo el mundo carga sobre su persona, como, digamos, el llavero o los documentos de identidad. Lo que indica también que se lo activa a cada instante, tanto para mandar como para recibir llamadas o mensajes de texto, o para escuchar música. Y esto apuntando sólo lo elemental, ya que los aparatos más sofisticados tienen posibilidades muy amplias, desde conexión a internet en adelante.

Rigen claras normas emitidas por la autoridad municipal, que vedan a los conductores utilizar el difundido aparato mientras están guiando un vehículo. Parece sobreabundante recordar la razón de peso que sustenta el recaudo; y que es, como todos saben, evitar la forzosa desconcentración que suscita el uso del celular, al distraer, a quien va al volante, de las precauciones que implica guiar un automotor, abriéndole la posibilidad de serios accidentes.

Pero sucede que el más distraído observador puede advertir, en cualquier calle, el elevadísimo porcentaje de conductores que circulan hablando por sus celulares con toda tranquilidad. La suma de tales infractores es tan grande, que pareciera asistirse a la derogación lisa y llana de una ordenanza por falta de cumplimiento.

En otro orden, sabemos que una de las normas elementales del tránsito manda que, al doblar en una esquina, el conductor se detenga si hay peatones que en ese momento cruzan la arteria que ha encarado, ya que corresponde otorgar prioridad a su paso. Esto se respeta sin discusiones en la inmensa mayoría de las ciudades argentinas: empezando por Capital Federal, a pesar del ritmo febril y voluminoso de su circulación.

Entre nosotros, sin embargo, la prioridad de referencia constituye, claramente, una letra muerta. Ningún conductor la respeta. Hasta es visible que, cuando algún peatón intenta el cruce y levanta las manos para advertir al automovilista que se detenga, éste suele cubrirlo de insultos, como si el infractor verdadero fuera el transeúnte. Por cierto que no se percibe que los agentes municipales siquiera reparen en la falta se está cometiendo, ni que por cierto labren el acta de infracción que corresponde.

Es indudable que fumar en un lugar público afecta la salud de quienes allí se encuentran. Pero sucede que operar el celular mientras se maneja, o negar la prioridad al peatón, ponen en riesgo cierto la seguridad de las personas. Es decir, afectan un valor social de la máxima importancia para todos.

Así las cosas, esas prohibiciones merecerían tener un acatamiento similar al que rodea la estipulada por la ley antitabaco. Deben tomarse, creemos, todas las providencias para lograr que se las observe con el mismo rigor. Ello será posible si los agentes de tránsito levantan las actas del caso y si las multas consiguientes se aplican con todo rigor y sin excepciones.