Hoy se cumplen 195 años de la histórica batalla de Chacabuco. En efecto, el 12 de febrero de 1817, el Ejército de los Andes, al mando del general José de San Martín, batió completamente a los realistas en el paraje chileno de ese nombre, ubicado en la desembocadura de la ruta de Uspallata, en el valle del río Aconcagua y bordeado a ambos lados por altas montañas. Fue la primera gran victoria de la campaña libertadora de Chile, que quedaría sellada meses más tarde con el aplastante triunfo de Maipú. Costó a los realistas 500 muertos, 600 prisioneros, más toda la artillería y el parque.

Desde el punto de vista militar, según escribe el académico Leopoldo Ornstein, señaló el comienzo de una guerra de liberación regular, "con ejércitos organizados y adiestrados; marcó el primer jalón de un avance ofensivo de proyecciones continentales; arrojó a los españoles de sus más fuertes posiciones estratégicas; detuvo el impulso agresivo de los ejércitos realistas del Alto Perú y proporcionó a los patriotas bases navales en el Pacífico, para disputar en adelante el dominio del mar".

Asimismo, las características de Chacabuco, en el panorama de la lucha independentista americana, la definen como uno de los momentos claves en la génesis de la confraternidad de pueblos que luchaban por terminar con el dominio de la monarquía española. Unió a argentinos y chilenos en forma estrecha. "Gloria al Restaurador de Chile", escribió gozoso Bernardo O?Higgins a San Martín. "La fortuna ha favorecido los heroicos esfuerzos de usted y la América nunca olvidará su valiente empresa sobre Chile, venciendo a la naturaleza en sus mayores dificultades".

Es sabido que, a lo largo de la historia, las relaciones entre Argentina y Chile tuvieron etapas de franca tensión, y que algunas veces se corrió el riesgo de una guerra. Felizmente, todo eso quedó atrás y para el vecino país la victoria de Chacabuco constituye la expresión de una confraternidad con la Argentina, sin la cual no le hubiera sido posible -o hubiera tardado mucho tiempo más- ingresar como nación independiente en el concierto de los pueblos del mundo.

Y para nosotros tiene el carácter de testimonio inigualado de nuestra voluntad de ser libres con generosidad. Es la que nos llevó a costear una empresa libertadora de vastísimos alcances, que se inició con el equipamiento del ejército de San Martín por encima de la penuria económica, y el posterior cruce de los Andes que figura, por sus características, entre las grandes epopeyas de la historia. Quedó claro entonces que las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata expresaban, gracias a San Martín, un sentido libertario que iba mucho más allá de su territorio, para mostrar un nítido sentido continental.

Tal es el profundo significado de esa acción militar, tan exitosa como impecablemente planeada. San Martín la sintetizó claramente en su comunicación, fechada en "el cuartel general de Ayacucho", al gobierno de Buenos Aires: "Una división de 1.800 hombres acaba de ser destrozada en los llanos de Chacabuco, por el ejército de mi mando, en la tarde de hoy".

Y no es ocioso recordar que el triunfo de Chacabuco, según las memorias de José María Paz, fue celebrado en Tucumán "con locura". El general Manuel Belgrano mandó construir, en su homenaje, esa pirámide que -luego revestida de mármol- existe hasta hoy en la plaza que lleva el nombre del creador de la bandera. Tal debiera ser el lugar adecuado para celebrar, todos los años, el aniversario de Chacabuco.