Ante cada pregunta se pone seria: mira fijo, piensa la respuesta más justa, pero después afloja y la saca desde el corazón. "No me gusta que me digan actriz. Yo simplemente me considero un instrumento de María. Pongo mi cuerpo para ayudar a difundir el mensaje de la Virgen", aclara Marisol Islas Álvarez, la joven que desde hace seis ediciones encarna a Bernardita en la escenificación "El Mensaje de Lourdes", un clásico de verano en San Pedro de Colalao.

Bernardita -hoy Santa Bernardita- fue la niña de Lourdes (Francia) que presenció 18 apariciones de María. Las enfermedades y la incomprensión marcaron la vida de Bernardita, quien tenía 14 años cuando se encontró con la Virgen y tras lo cual se entregó a la vida religiosa. Marisol, de 29 años, representa a la débil niña ante unas 40.000 personas de toda la Argentina y de países vecinos. "Trato de no pensar en todo el público que está ahí afuera, pienso que Bernardita es la que mueve mi cuerpo", explica la joven odontóloga. Ella reparte sus días entre los consultorios y las misiones lourdistas.

Todo empezó "sin querer", dice Marisol. Sus visitas a la capilla de Lourdes, en el Colegio del Sagrado Corazón, eran habituales en su vida de estudiante santiagueña radicada en la provincia. Y cuando las cosas empezaron a oscurecerse en su vida, la fe en María empezó a crecer.

"Tuve un año malo. Se había muerto mi abuelo y me estaba yendo mal en la Facultad. Necesitaba sí o sí aprobar un parcial para regularizar una materia", recuerda. Entonces le propuso un "negocio" a la Virgen: "si aprobaba el parcial, yo compraba un montón de estampitas para repartir entre mis allegados", cuenta sonriente. La Virgen aceptó el trato y la Bernardita santiagueña cumplió con su parte. "Me fui a comprar las estampitas en la librería del colegio. La persona que me atendió estaba sorprendida por la cantidad que le pedía. Me preguntó para qué eran, le expliqué, me invitó a las reuniones que hacían del grupo de Lourdes y empecé a ir", relata.

Marisol escuchaba historias, misionaba, estudiaba y analizaba los mensajes de la Virgen. Pero el cambio definitivo se produjo cuando vio por primera vez la escenificación en la Gruta de la Virgen, en San Pedro. "Ahí conocí la historia de Bernardita y fue muy especial, porque empecé a comprender el espíritu lourdista, a sentirme amada por Dios a través de María", explica Marisol, con los ojos vidriosos de fe.

Pasó de estudiosa y misionera a actriz al poco tiempo, y por una causa ajena. "La chica que hacía de Bernardita se enfermó y no iba a poder actuar. En el grupo me apuntaron a mí y les dije que se olvidaran, que ni loca lo hacía", cuenta divertida. Pero el sacrificio por el equipo, más su cuerpo pequeño que bien pasa por el de una nena de 14 años, la llevaron al enorme escenario. "Fue un flash. Es tan fuerte lo que siento cuando estoy ahí que una vez en una escena casi no pude salir porque no paraba de llorar de la emoción", recuerda la joven devota.

Marisol vive la megarepresentación como parte del trabajo misionero y en esos momentos trata de sentir lo que Bernardita cuando se le apareció María. Sin embargo, no piensa que alguna vez ella pueda vivir semejante experiencia. Finalizando la entrevista abre la invitación a todo el mundo: "la obra te renueva, la gente deja todo lo malo ahí y se lleva el espíritu gratificado".