Las páginas policiales de nuestra edición de ayer, dan cuenta de un accidente que pudo tener gravísimas consecuencias. En un ómnibus que cumplía el servicio regular de pasajeros de Retiro a Tucumán, de pronto se produjo un incendio en la parte trasera. Gracias a que la azafata advirtió la humareda, los viajeros pudieron descender rápidamente y, cuando se habían alejado pocos metros, vieron que estallaba la bodega de las valijas. Esto determinó la pérdida de todas sus pertenencias. Obvio es decir que, si hubieran permanecido dentro del coche en el momento del percance, muchos hubieran terminado muertos o gravemente heridos.

El asunto merece obviamente un comentario. Es conocido que, por diversas razones, económicas sobre todo, se ha difundido extraordinariamente la utilización de los ómnibus para viajes de larga distancia. Cada vez ingresan al mercado más empresas que ofrecen este servicio y que rivalizan en cuanto a precios y comodidades. Una actividad tan abundante determina que las unidades estén siempre en movimiento. Ni bien acaban de ingresar a cualquiera de las abarrotadas terminales del país, deben prepararse a emprender, al poco rato, un nuevo viaje.

Se trata de recorrer distancias grandes en horarios establecidos, y esto requiere adoptar las debidas precauciones, que son muchas. Es muy importante asegurarse de que los choferes hayan descansado las horas necesarias entre turno y turno, a fin de que puedan conducir con esmero, sin los letales riesgos derivados del sueño y de la fatiga. Existen claras normas que las empresas deben respetar con absoluta estrictez. Pero además, está el tema del estado de las unidades. Dada la intensidad del trajín a que están sometidas, debiera verificarse constantemente el estado de las mismas, en todas sus partes.

Es decir, el amplio arco que comprende desde el motor, los neumáticos, los frenos y las luces, hasta los equipos de aire acondicionado y calefacción, las instalaciones sanitarias, los recaudos de seguridad y un largo etcétera. Hay que recordar que el adecuado funcionamiento de todos esos rubros reviste capital importancia, en estos enormes coches, generalmente de dos niveles, que se desplazan a gran velocidad por todas las rutas y a todas las horas de la jornada.

Parece lógico exigir a las empresas que pongan en estas cuestiones un muy especial cuidado. Y al mismo tiempo, los organismos oficiales responsables deben efectuar, en forma concienzuda, todas las inspecciones y los controles mecánicos dirigidos a verificar que efectivamente se haya obrado así. Sabemos que es frecuente que pasajeros que terminan un viaje, se quejen del mal funcionamiento del coche, en alguno de sus aspectos.

La información que comentamos muestra que, en ciertas ocasiones, ese mal funcionamiento puede tener derivaciones mucho más serias que las de una fastidiosa incomodidad. Así, el percance del estallido de la bodega debe servir como advertencia, para que empresas y autoridades se esmeren en la verificación del estado integral de los ómnibus que cumplen los servicios de larga distancia. Es un tema donde no pueden existir distracciones. Se trata no solamente del confort, sino de la seguridad física de muchas personas que ascienden, confiadas, a este medio de transporte, tan difundido a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Conviene tener en cuenta estas puntualizaciones, a fin de no lamentar desgracias que pudieron perfectamente evitarse.