El Poder Legislativo de Tucumán se apresta a inaugurar su edificio propio, en avenida Sarmiento entre Muñecas y España: son once niveles levantados con la máxima confortabilidad, que demandaron una inversión del orden de los 130 millones de pesos. La habilitación del palacio significará que la Legislatura deje libre sus anteriores sedes, que se dividían entre el local tradicional de Rivadavia 25, que se dispuso devolver a la Escuela Sarmiento; las dependencias del ex Savoy Hotel, hoy Casino, y las del primitivo Casino, ubicado entre el Savoy y el Teatro San Martín.

En nuestra edición de ayer, varias fotografías documentan la magnificencia del nuevo local. En la del recinto de sesiones, se puede apreciar que las bancas para los representantes del pueblo tendrán un aspecto moderno: sabemos (LA GACETA del 2 de febrero) que se diseñaron en Barcelona. Vale la pena detenerse en este punto, indicador de que las bancas que usaban los legisladores en la calle Rivadavia serán definitivamente reemplazadas.

Sucede que esos escaños están íntimamente vinculados a la gran historia argentina. En efecto, fueron confeccionados para la sala de sesiones del antiguo Congreso Nacional, ubicado en Balcarce 139, Buenos Aires, a media cuadra de la Casa Rosada. Allí tomaron asiento todos los próceres de la Organización Nacional, empezando por Sarmiento, Alberdi, Avellaneda, Mitre y Roca, para dar sólo unos nombres de la extensa lista.

Cuando en 1905 se habilitó el Palacio del Congreso con sus nuevas bancas, las antiguas fueron cedidas a la Legislatura de Tucumán, cuyos integrantes las utilizaron hasta la actualidad. Pero el local del viejo Congreso, con sus bellas rejas, no se demolió. Lo conservó en su interior -como monumento histórico nacional- el Banco Hipotecario Nacional en el gran edificio donde hoy funciona la Afip. El recinto fue restaurado luego para salón de actos públicos de la Academia Nacional de la Historia. Pero no pudieron colocarse las antiguas bancas, pues habían pasado a Tucumán décadas atrás. La Academia gestionó reiteradamente, sin éxito, que se las devolvieran para recuperar el mobiliario original.

Nos parece que ahora es el momento de resolver afirmativamente la solicitud de la Academia Nacional de la Historia. Puesto que las bancas fueron entregadas en su momento para servir de asiento a los legisladores, parece justo que, al cambiarse tal destino, regresen al monumento histórico nacional al que inicialmente pertenecieron. Para que completen el valor museológico de ese recinto, constantemente visitado por turistas y por delegaciones escolares.

Muchas veces, los tucumanos han pedido que se les restituyan objetos históricos que pertenecieron a la provincia, como fue el caso de las puertas originales de la Casa de la Independencia. Este es el mismo caso. Mientras esos escaños servían al recinto de la Legislatura de la provincia, no podía hacerse objeción válida a su permanencia entre nosotros. Pero si tal destino ha variado, opinamos que sería justo reintegrarlos al viejo Congreso. Esto constituiría, además, un gesto de solidaridad museológica que podría granjearnos réditos futuros en el mismo terreno.

Creemos que, justo en estos tiempos de gloriosos bicentenarios (este año, la Batalla de Tucumán; el próximo, la de Salta; en 2016, la Independencia), resultaría especialmente significativa una actitud como la que sugerimos. Sería evidencia de que respetamos el patrimonio histórico y convenimos en que sus elementos deben permanecer en la localización original.