WASHINGTON.- El presidente de EEUU, Barack Obama, no escatima el acoso a su homólogo sirio, Bashar al Assad. Pero hasta ahora, a las palabras apenas les siguieron hechos. La comunidad internacional parece paralizada por miedo a que se incendie la situación en la región de Cercano Oriente. Y la pregunta parece ser: ¿cómo salir de la encrucijada?
Cuando el ex líder libio Muamar Gaddafi reprimía brutalmente a los rebeldes sublevados en su contra, para Obama no había alternativa: "algunas naciones pueden quizá ignorar las atrocidades de guerra en otros países", dijo en 2011 para justificar la posición de su país. "Estados Unidos es diferente. Como presidente no pude esperar tanto hasta que hubo imágenes de matanzas y fosas comunes", señaló.
Pero ahora que Bashar al Assad lleva protagonizando desde hace casi un año una escalada de la violencia contra la oposición y cada mes mueren cientos de opositores, Obama mide sus palabras de entonces. El mandatario estadounidense ha pedido sanciones, una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU contra Siria e incluso ha exigido claramente al presidente sirio que deje el poder, pero hasta ahora no ha hecho nada más para frenar la brutalidad con medidas militares.
No habrá "otra Libia", dejó claro un representante del gobierno en el diario "The New York Times", algo que los analistas interpretaron como la esperanza de Washington de que Assad se marche voluntariamente y los problemas se solucionen solos. "Ese descuido frente al derramamiento de sangre en Siria es extraño, sobre todo si se tiene en cuenta lo perjudicial que podría ser esa actitud para los intereses estadounidenses", opina Robert Danin, del instituto de investigación Council on Foreign Relations en Washington.
Las reservas estadounidenses se explican, según los analistas, sobre todo por el miedo a que una injerencia en Siria pueda desencadenar un polvorín en la región. Al Assad es el aliado más estrecho de Irán en el mundo árabe y EEUU no quiere dar ningún motivo al régimen de los atayolás para que entren en el conflicto.
La Casa Blanca teme una "enorme explosión" con consecuencias devastadoras en países como Israel, Líbano, Jordania o Irak.