Hay sociedades, en las que curiosamente se pondera como sobresaliente o digno de elogio, lo que en otras es algo natural. Por ejemplo, el hecho de que un mozo le devuelva a una persona una computadora que se ha dejado olvidada en el bar, parece en la actualidad un episodio anormal. Como sucedió hace pocos días con un taxista, oriundo de Concepción, que le devolvió una cartera con $18.000 a un pasajero que este había olvidado en su taxi. "Desde que era chico mis papás me inculcaron que lo que no era mío no me correspondía. Cuando devolví la plata pensaba en el ejemplo que le daba a mi hijo. A mí me gusta ganarme la plata trabajando", afirmó el honesto trabajador.

En muchas ciudades del mundo, suele existir una oficina de objetos perdidos. Es común que si una persona extravía un objeto en la calle, puede acudir a ese lugar con grandes posibilidades de recuperarlo porque la honradez es un valor cultural sólido en esas sociedades. En Tucumán, la Policía provincial contaba hasta 2010 con una oficina de objetos perdidos (la División de Relaciones Policiales), aunque eran muy pocas las personas que restituían los objetos hallados. "La dependencia funciona hace 15 años, pero nadie entrega nada. De acuerdo con las estadísticas, apenas el 3% de las personas que encuentran cosas perdidas las devuelve", dijo en 2009 el entonces jefe de la Policía. El dinero, los celulares, los documentos de identidad, las tarjetas de crédito, las joyas y los animales domésticos -en ese orden- encabezaban la nómina de elementos perdidos y reclamados en la oficina que funcionaba la esquina de Chile y San Miguel, de esta capital.

París, Barcelona, Londres, Madrid, Sevilla, poseen este tipo de dependencias. En octubre del año pasado, se presentó un proyecto en la ciudad de Buenos Aires, que preveía que la repartición dependiera del Ministerio de Seguridad y Justicia, así como la instalación una línea telefónica gratuita para efectuar reclamos por los objetos extraviados. Con la descripción del objeto, lugar y fecha aproximada de la pérdida y la presentación del DNI, una persona podía solicitar su devolución, en el caso de que alguien lo haya encontrado y devuelto.

No se conocen las razones por las cuales hace dos años dejó de funcionar la dependencia policial. Tampoco la mayor parte de la ciudadanía conocía su existencia. Si alguien encontrara en la calle un paraguas, un portafolios, un reloj, una pulsera, una cámara de fotos, o se dejara olvidados estos objetos en un taxi o en un ómnibus, un ciudadano honesto que encontrara estos elementos sin identificación dispondría de un lugar donde dejarlos. La frase "Lo hallé en la calle y no sé a quién devolverlo" encontraría otro derrotero.

Los tucumanos cargamos con la crítica -no infundada, por cierto- de ser amigos de lo ajeno, mala costumbre que -dice la creencia- habríamos heredado de los indios Lules y de los conquistadores españoles. "No sé si somos ladrones, pero resulta notable la facilidad con la que se pierden las cosas en esta provincia", afirma con humor el doctor en Filosofía Alberto Zeballos.

Sería positivo que en el ámbito de la Legislatura o el Concejo Deliberante se gestara la creación de una oficina de objetos extraviados. Sería una manera de estimular también la honradez en toda la sociedad. Y ayudaría tal vez a que los tucumanos nos despojáramos de la penosa fama de hallar las cosas antes de que se pierdan, como dicen los hermanos santiagueños.