NUEVA YORK.- Parece como si un maestro de la pintura hubiera colgado en la pared su mesa de trabajo, llena de restos de colores. Pero es arte, y del caro además. Y es que ni Rembrandt ni Leonardo da Vinci, Picasso o Van Gogh pintaron el cuadro por el que más se ha pagado. Su autor fue un estadounidense, uno de los grandes exponentes del arte propiamente norteamericano en el siglo XX. Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de ese pintor: Jackson Pollock.
Pollock se crió en Cody, Wyoming, una pequeña ciudad de provincia en lo que se conoce como la Norteamérica profunda. Su padre era un granjero que puso todo su empeño en la educación y la cultura de su familia, hasta el punto de que sus dos retoños se convirtieron en artistas. El mayor, Charles, fue un famoso expresionista, y el más joven, Paul Jackson, puso patas arriba el panorama artístico mundial. Sólo pintó durante unos años, hasta que el alcoholismo lo incapacitó. Pero fueron suficientes para que se convirtiera en el primer pintor estadounidense que influyó en el arte europeo.
Los críticos del momento tuvieron que empezar a relacionar su obra de una u otra manera con el automatismo, en una escritura automática que pretende reflejar los fenómenos psíquicos que tienen lugar en el interior del artista. Entre 1935 y 1943 trabajó para la WPA y pintó bajo la influencia de Picasso, el surrealismo y el psicoanálisis jungiano que usó como terapia contra su alcoholismo
Fue su técnica de "dripping" la que lo hizo famoso, pues no pintaba literalmente, sino que dejaba chorrear brochas y botes de pintura sobre una tela colocada en el suelo. Él lo denominaba "Action Painting", pues se movía como un poseso hasta que los colores quedaban tan superpuestos que el cuadro a veces parecía un relieve.
Pero Pollock no tenía el control sobre sí mismo. Bebía, y mucho. Su adicción al alcohol fue tan destructiva que a los 40 años apenas pintaba. La galerista neoyorkina Sidney Janis tuvo que modificar el nombre de una exposición porque no había más lienzos del afamado artista. En 1955 dejó definitivamente la pintura. El viaje a Europa de su mujer, la artista Lee Krasner, fue más bien una huida. Y Pollock se buscó una amante y siguió bebiendo.
El final
En agosto de 1956, Pollock llevó a su amante y a una conocida a la localidad de Springs, en Long Island. Allí, en el extremo oeste de la isla -cuyo este domina la ciudad de Nueva York- tenían él y Krasner su hogar y su taller. No era la primera vez que el artista, de entonces 44 años, conducía borracho, pero en esta ocasión estrelló su Cabriolet. La amante sobrevivió, pero la amiga y Pollock murieron inmediatamente.
De su corta vida, se dice que los únicos años destacables fueron aquellos en que logró controlar su alcoholismo, es decir, el período 1949-1950. Peggy Guggenheim fue su mecenas, quien le entregaba una suma mensual.
"Jack the Dripper" (Jack, el pintor del goteo), lo llamaba dos años más tarde la revista "Time". Justo medio siglo después, el "Nº 5" de Pollock, pintado en 1948, se vendió por 140 millones de dólares. Un auténtico récord en el mercado. (Especial- DPA)