Era quizás la primera vez que pernoctaban en el prodigioso Jardín. El calor y los mosquitos de las mil y sesenta y un noches les habían decretado el insomnio y mal humor. Cuando la luz del día desnudó el cerro San Javier, sus pupilas, acostumbradas a la soledad de la arena, al desierto de paisajes, titilaron. Observaron las felices jorobas de Almanzor semiocultas en el lago San Miguel. Las miradas se besaron. Se elevaron al cielo para agradecerle a Alá. Tras desayunar cuajada con pan, el rey y la doncella montaron el camello y partieron al corazón de la ciudad.

En el trayecto, unos afiches les llamaron la atención: "¡Que se vayan los Enriques!", "¡Basta de privilegios! ¡Basta de castas! ¡Basta de Enriques!" "¡Quiques, devuelvan lo que es del pueblo". Los bocinazos pusieron nervioso al giboso. Al llegar a la plaza, Shahriyar y Scheherezade se toparon con un grupo de jubilados que exigía que Al Rachid cumpliera con la orden que le había dado hacía años la Justicia y les pagara el 82% móvil. Apenas podían caminar algunas viejitas. A una de ellas se le cayó la pancarta. El rey se la levantó y al ver la leyenda le preguntó: "Decidme, dulce anciana, ¿quiénes son los En...?" Un viejo con la espalda doblada por la injusticia lo interrumpió: - Le llamamos así a una buena parte de la clase gobernante... También se les dice Quique que es el apodo de Enrique... - "Qué extraño que casi todos ellos tengan el mismo nombre", observó la doncella. - "Lo que sucede es que son los que aprovechan la función pública para engordar su patrimonio... En este caso, Enrique viene de enriquecerse..."

Hacia el centro de la plaza, una ruidosa murga sacudía la melena de la Libertad. "Derechos cercenados", "Reglamenten la ley", rezaban las consignas. - ¿Qué reclamáis?, inquirió Shahriyar. - "Somos actores independientes. Queremos que el Gobierno nos dé el dinero que nos corresponde. La ley provincial del Teatro Nº 7.854, promulgada en 2006, dice que la plata para nuestra actividad no puede ser inferior a la que se destine al funcionamiento del Teatro Estable", dijo un flaco. Un gordo acotó: - "En 2006 se aprobó un presupuesto de $630.000, pero en lugar de aumentar en los años siguientes, ocurrió lo contrario. En 2010, el Ente de Cultura nos prometió un millón para compensar la caída, pero el monto no llegó a los $500.000. En 2011, reiteraron la promesa del millón, pero la Legislatura otorgó sólo $600.000... El teatro independiente produce el 95% de los espectáculos tucumanos y se le asigna menos del 2% del presupuesto anual del Ente de Cultura". - ¿Y por qué nos les dan a ustedes directamente el dinero para que lo administren?, quiso saber la doncella. - "La idea fue que se creara el Instituto Provincial del Teatro Independiente, con autonomía operativa, administrativa y financiera, con recursos propios asignados por la Legislatura, sin intermediarios, gobernado por nosotros, con el correspondiente control, pero se desvirtuó..." - ¿Quién selecciona y eleva los proyectos? - "La Comisión de Teatro Independiente, que no tiene ningún poder de decisión y es un apéndice del Ente", acotó una actriz. - Supongo que por ética, los integrantes de esa comisión tienen vedado presentar proyectos. ¿Acaso obran como el sultán que hace que el propio Estado le compre los vehículos que él vende?, dijo el rey. - "Y sí, deberían excluirse..." - ¿Por qué no se reglamenta la ley? - "Porque no le conviene a Al Rachid, así puede manejar la caja y otorgar los fondos discrecionalmente..."

Antes de partir, se sentaron frente al lago. "Qué extraño este pueblo de muchos Quiques, donde se hacen leyes para que todo siga igual...", dijo Scheherezade. Tras rumiar un pensamiento, Shahriyar dijo: "Tiranos reyes, vacías leyes".