Mea culpa. Siempre he pensado que la tecnología era tan fría como el hielo. Y que las PC, como sus contenidos, carecían de sentimientos. Gran error. Las redes sociales se han convertido en un vehículo que no sólo achica distancias de superficie; también del corazón. Un mensaje en el muro de Facebook o un "me gusta" son tan oportunos cuando alguien pasa por un momento especial. Doy fe: los toques en la red sirven para fortalecerse, para cambiar el foco a una situación particular; como una voz de aliento transmitida en decenas de caracteres.
La red irradia sentimientos y emociones. Uno puede compartir sus vacaciones con los amigos, enviando fotos o algún comentario. Y hasta cargar a un amigo, colega o compañero por el triunfo del "deca" sobre los "santos". Las redes, en definitiva, brindan un espacio en la web para que cada uno de nosotros opinemos, aportemos datos, comentemos situaciones o colaboremos con otros.
El experto en Social Media español, Pedro García, suele decir que la red social no ha cambiado a las personas; sólo ha modificado la forma en que se relacionan. "Para tener éxito en socialmedia sólo hay que ser humano y responder a la gente", acota.
Tal vez esa sea la clave de la supervivencia de las redes sociales: la conectividad oportuna de personas que comparten los mismos gustos y las mismas sensaciones. La red es otro pulmotor para el alma.