Se suele decir que la naturaleza humana es compleja. El ser humano es capaz de los gestos más nobles y de los más abyectos. Con frecuencia estos conviven en una misma persona, por eso de habla de las virtudes y las miserias. Son las situaciones límite las que ponen a prueba a un individuo y desnudan el verdadero rostro de alguien o de un sector de la sociedad.
El domingo pasado, un matrimonio tucumano que venía en vehículo a nuestra ciudad con dos de sus hijos, al llegar al kilómetro 273 de la ruta 34, cerca de la localidad santafesina de Sunchales, chocó con un ómnibus de la empresa Cachi Turismo que se dirigía a Buenos Aires. El colectivo terminó en la banquina, sin volcar y sin heridos, mientras que nuestros comprovincianos fallecieron. Sus familiares contaron que el hombre era repartidor de una empresa de colchones y venía juntando plata para la fiesta de 15 de su hija. Según dijeron, en la camioneta traía $ 10.000, que desaparecieron. "Aprovecharon la tragedia para robarle el dinero y después, cuando reclamamos, hicieron aparecer sólo $ 600", afirmó un pariente y expresó su indignación con el procedimiento policial. "Como en las primeras horas no llegaba nadie porque todos estamos lejos, hicieron lo que quisieron; le sacaron a mi primo la plata de la camioneta y liberaron al chofer. Nosotros llegamos y no había ningún detenido, ni el colectivo, sólo estaba la camioneta hecha un bollo. La Policía de Sunchales no nos mostró el descargo del chofer y ninguno de los 60 pasajeros del colectivo quiso declarar como testigo. Mató a cuatro personas, no a un perro", manifestaron. El conductor declaró en la comisaría de Sunchales; luego quedó en libertad y continuó el viaje. La empresa de seguros le informó a los familiares que tanto el nombre como la dirección que dio el chofer no existen.
Episodios dolorosos como este nos retrotraen a 1989, cuando la hiperinflación desató una ola de asaltos a supermercados y a negocios de todo tipo en todo el país. Parecía que todo el resentimiento se había apoderado de una buena parte de la población, incluyendo las clases media y alta, porque saquearon a los comerciantes -incluso los de barrios- como si estos hubiesen sido los enemigos de la patria. Muchos de ellos, quebraron económicamente.
En abril de 2010, en la ruta nacional 38, a la altura de Famaillá, sucedió una tragedia, en la que perdió la vida un hombre de 56 años. La víctima había chocado de frente con su vehículo contra un camión que llevaba un acoplado con cientos de fardos de azúcar. Tras el impacto, el rodado volcó con su carga en medio de la ruta. La Policía no había logrado rescatar aún el cuerpo del occiso de entre los hierros retorcidos de su vehículo, cuando más de 200 vecinos saquearon el acoplado. En menos de una hora se llevaron todos los fardos, sin que las fuerzas del orden lo hubiesen impedido.
¿Qué estará sucediendo en nuestra sociedad para que haya gente capaz de valerse de la desgracia ajena para adueñarse de lo que no les pertenece? Estas acciones son un reflejo del deterioro del tejido social. La falta de respeto por el prójimo, la indiferencia por la muerte, la violencia callejera, los motoarrebatos contra niños, mujeres y ancianos, la pérdida paulatina de los valores que hacen a la dignidad del ser humano debieran hacernos reflexionar hacia dónde va esta sociedad que se está volviendo cada vez más materialista.
Esta realidad denota una crisis cultural profunda, de la que sólo se puede salir con educación y con el buen ejemplo de los adultos y la clase dirigente. Afortunadamente, siempre hay gestos para renovar la esperanza, como el del taxista que le devolvió los $ 18.000 a su pasajero porque sus padres le inculcaron la honradez y para darle el ejemplo a su hijo.