¿Qué son 15 tipos dentro de una cancha de rugby? Un equipo. ¿Qué son, esos mismos tipos, borrachos en un boliche o de vacaciones? Una patota.

No es la primera vez, y es seguro que lamentablemente no va a ser la última, que el rugby salta de las páginas de deportes a las de policiales. Hay una idea generalizada de que quienes practican este deporte llevan la violencia en los genes. ¿Hay que estigmatizar el rugby por lo que pasa fuera del campo de juego? ¿O será que la violencia está en nosotros, más allá del deporte que elijamos?

La esencia del rugby es espectacular. Desde las divisiones infantiles los entrenadores se interesan primero por el chico y luego por el juego. Por eso no hay competencia real hasta los 15 años. Y si bien se aprenden destrezas personales y grupales, la principal enseñanza tiene que ver con la persona: lealtad, compromiso, esfuerzo y, sobre todo, amistad. El partido se termina a los 80 minutos. Y todo lo que ocurrió dentro de la cancha se olvida para dar paso al tercer tiempo, esa reunión que comparten los equipos para confraternizar. Ese que tiene puesta otra camiseta dejó de ser un adversario, para convertirse en un amigo. Pero, a cierta edad, el espíritu del tercer tiempo se desmadra. Pasa a ser una competencia para ver quién toma más. Y esa "amistad" se transforma en asociación ilícita cuando, ya en juveniles o incluso de primera, salen a demostrar que no hay nadie más fuerte que ellos. Bien lo saben los directivos de la Unión de Rugby y de los clubes, que más de una vez tuvieron que intervenir para evitar desgracias, aunque no hayan podido impedir, por ejemplo, que se destrozaran instalaciones. Y tan bien lo saben que tratan por muchos medios de desalentar el consumo desmedido de alcohol, con campañas permanentes. Pero no pueden, o no lo están haciendo bien.

En el ambiente de la ovalada siempre se dice ante este tipo de hechos que se quiere perjudicar al deporte. Que si los acusados fueran polistas o futbolistas la noticia no sería tratada de la misma forma.

Lo sucedido en Pinamar con el chico de 15 años que quedó desmayado por la paliza que le dieron desnuda varias "virtudes" de estos rugbistas. Y sobresale la cobardía. Primero, por atacar entre varios a uno solo. Y cobardía, aún mayor, por haber huido como ratas a refugiarse bajo la falda de sus madres para que los defiendan sin tan siquiera haberse preocupado por el estado de salud de la víctima. Apenas se supo que habían sido tucumanos, el presidente de la URT, Francisco Veglia, intentó despegar a la institución del episodio. Dijo que ningún equipo oficial de la provincia había viajado a la costa a disputar torneos. Pero en el medio hubo llamados nerviosos entre presidentes de las clubes, ya que había menciones en todo el país, y no precisamente por haber ganado el Nacional. Se apunta contra jugadores de Los Tarcos (donde juega el principal sospechoso) y Universitario, dos de las instituciones más importantes de la provincia.

No son deportistas comunes. El rugby es netamente de contacto y muchas veces violento, por lo que tienen una preparación física superior al resto. Esto se potenció en los últimos años ya que los chicos quieren mostrarse para recibir un llamado del exterior y poder jugar profesionalmente. Si a su estado físico se le suma el consumo de alcohol y esa propensión a creerse más pícaros cuando están en grupo el combo es letal. Hay responsabilidades de todos. De los dirigentes y de los entrenadores, que deben educar con el ejemplo. Pero cuando de juveniles se trata la primera pared de contención es la familia. Y si los padres no pueden controlar a sus hijitos o al mismo tiempo los encubren, palizas como la que recibió Ezequiel Biagioli van a ser noticia corriente. Jueguen al rugby o al ajedrez.