No molestan. Crecen prácticamente solos. No ocasionan ruidos. No aspiran a ser candidatos ni a ocupar cargos en la función pública. Tampoco piden plata. Sólo necesitan que los cuiden, que les den un poco de afecto. A cambio de muy poco, ellos nos brindan muchos beneficios. Los árboles han sido venerados por las culturas más antiguas para las cuales simbolizaban la regeneración y la propia vida, también el Bien y el Mal. Por ejemplo, el plátano era para los griegos la representación de la paz, razón por la que bajo su sombra, Sócrates reunía a sus discípulos para impartir las clases, según se cuenta. Pero en Tucumán, parecieran no gozar de esa devoción.
El martes pasado, cerca de la medianoche, se registró un vendaval, cuyas ráfagas alcanzaron los 60 kilómetros por hora. Fueron 35 minutos intensos en los que cayeron algunas gotas. De acuerdo con un relevamiento municipal, sólo en el centro y en las principales avenidas de la ciudad, cayeron 32 árboles. Ello sucedió, por ejemplo, en Marcos Paz al 900, Buenos Aires y Lavalle, y Moreno al 600, Juan B. Justo al 1.400, Ejército del Norte y Santiago del Estero, y un importante ejemplar en avenida Aconquija al 200. Un episodio similar se había producido en la tormenta del 22 de diciembre pasado, donde la mayor cantidad de árboles caídos se registró en Yerba Buena. En los primeros días de enero de 2011, 60 árboles cayeron en San Miguel de Tucumán, 30 solamente en el parque 9 de Julio.
¿Qué está ocurriendo con los árboles? Una velocidad 60 km/h no puede ser tan importante para tumbar un ejemplar de grandes dimensiones. Una de las razones pareciera ser la falta de mantenimiento. Un lector contaba en nuestra edición online del miércoles 18 que desde hace más de 10 años, los vecinos de calle Madrid al 400 (25 de Mayo al 2.600), piden a la Municipalidad que se poden los gigantescos eucaliptos y tipas de la acera norte (donde están a los institutos Goretti y Belgrano). Estos ejemplares se hallan en muy mal estado, con grandes ramas secas y algunos con las raíces al descubierto. Hasta el momento, no obtuvieron respuesta. "Cada año en el verano, tenemos que rogar a Dios que no permita que estos árboles caigan sobre nuestras viviendas o algún transeúnte", señaló el vecino. Hace unas semanas, de sólo estar, una tipa gigante cayó sobre un auto en Chacabuco al 700, frente a la Facultad de Artes, sin que hubiese lesionados. Si se hubiesen podado dos de las enormes ramas que daban sobre la calle del añoso ejemplar, que estaba desde hace años muy inclinado, se hubiera evitado su caída y el accidente. El mismo destino sufrirán varios de los árboles de la plaza Rivadavia que dan hacia calle Bolívar, si no se les cortan las ramas peligrosas, que en su caída arrastrarán cables de la luz y dejarán a oscuras el vecindario. Asimismo, un lector dijo que varios naranjos de la plaza San Martín están empestados.
Transitar por las calles San Luis, Jujuy o Pellegrini, por dar algunos ejemplos, produce una sensación de placer durante los días calurosos por la sombra que ofrecen los plátanos, yuchanes, tarcos y lapachos. La Municipalidad debería conformar un equipo de expertos y realizar en forma permanente un mantenimiento de nuestros árboles en toda la ciudad, en especial de los más antiguos. Si se inculcara el amor a los árboles desde la educación más temprana, seguramente estos tendrían miles de tucumanos amigos que los cuidarían.