ISLA DE GIGLIO.- El padre Lorenzo Pasquotti guarda como reliquias en su iglesia de la pequeña isla de Giglio, los objetos abandonados por los sobrevivientes del naufragio del Costa Concordia, que se refugiaron allí. "Conservo todo dentro de una caja transparente como recuerdo de esa noche, para que nadie olvide la tragedia. Hay gente que viene a orar, otros desfilan ante la caja llena de salvavidas anaranjados, mantas, cuerdas y cascos", afirma.
El religioso abrió esa noche las puertas de la iglesia para alojar a los miles de pasajeros y tripulantes que desembarcaron de las lanchas salvavidas con frío, traumatizados y extenuados. "Había cerrado ya, cuando me llamaron urgentemente del puerto. No se escuchó explosión alguna, ni tembló la tierra. Sin embargo el espectáculo era devastador. Alojamos a unas 420 personas; venían empapadas y había niños titiritando", recuerda Lorenzo, de 62 años, quien sacó de la sacristía incluso el manto de la Virgen, los ropajes de la misa y las túnicas de la procesión para cobijar a los sobrevivientes. Como el sacerdote, todos los habitantes de la isla se volcaron a ayudar a la gente, con ropa, comida, agua y bebidas calientes, y los alojaron en sus casas. (AFP)
El religioso abrió esa noche las puertas de la iglesia para alojar a los miles de pasajeros y tripulantes que desembarcaron de las lanchas salvavidas con frío, traumatizados y extenuados. "Había cerrado ya, cuando me llamaron urgentemente del puerto. No se escuchó explosión alguna, ni tembló la tierra. Sin embargo el espectáculo era devastador. Alojamos a unas 420 personas; venían empapadas y había niños titiritando", recuerda Lorenzo, de 62 años, quien sacó de la sacristía incluso el manto de la Virgen, los ropajes de la misa y las túnicas de la procesión para cobijar a los sobrevivientes. Como el sacerdote, todos los habitantes de la isla se volcaron a ayudar a la gente, con ropa, comida, agua y bebidas calientes, y los alojaron en sus casas. (AFP)