ROMA.- Nuevas grabaciones conocidas ayer muestran cómo la tripulación del crucero Costa Concordia, accidentado la semana pasada ante la isla italiana de Giglio, le pidió a los pasajeros que volvieran a sus camarotes después de que hubiera comenzado a entrar agua en el barco.
"Todo está bajo control. Vuelvan a sus camarotes, por favor", dice una mujer (cubriendo con su cuerpo una puerta de salida) a una gran cantidad de viajeros, según se evidencia en un video casero datado unos 40 minutos después del impacto de la nave contra una roca. "Hemos solucionado el problema eléctrico que tuvimos. Invitamos a todos a que regresen a sus cabinas. Si lo desean, pueden permanecer en el hall", afirma la tripulante, quien explica que habla en nombre del capitán Francesco Schettino.
Esta filmación confirma la hipótesis de que se cometieron graves infracciones en la evacuación del barco tras el choque. Schettino se encuentra bajo arresto domiciliario en su casa cercana a Nápoles y enfrenta cargos por homicidio múltiple y abandono del barco. También está acusado el segundo al mando, Ciro Ambrosio.
Por el contrario, crece la figura de Gregorio de Falco, el jefe de la autoridad portuaria de Livorno, quien estaba de guardia cuando el crucero encalló en la isla toscana. Indignado por el desarrollo de los acontecimientos en esa fatídica noche, De Falco le ordenó reiteradamente a Schettino que vuelva a abordar el barco y se mostró inflexible respecto de las obligaciones de un capitán. Su popularidad lo obligó a aclarar que él sólo cumplía con su trabajo (ver Opinión).
Malas condiciones
Mientras tanto, las autoridades italianas decidieron reanudar la búsqueda de desaparecidos, interrumpida durante la mañana de ayer debido a los movimientos registrados en el barco, lo que suponía un riesgo para los equipos de rescate. Hay planes para estabilizar la embarcación, de 290 metros de eslora (largo), amarrándola con cuerdas a las rocas.
El profesor de geofísica, Nicola Costagli, explicó que el buque se sostiene sobre dos protuberancias rocosas a unos 20 metros de la costa, y planteó la necesidad de determinar si esas salientes son estables. El tiempo apremia, ya que desde el norte se avecina una fuerte tormenta, que podría hacer que se hundiera más el gigantesco crucero, hasta caer en una depresión submarina. Cada movimiento de la nave se registra con imágenes satelitales.
Unas 20 de las 4.229 personas que viajaban a bordo en el momento del accidente siguen desaparecidas, según informes oficiales, mientras que los muertos ascienden a 11. Ayer, en una conmovedora ceremonia, familiares de los fallecidos fueron en barco hasta cerca del crucero para lanzar allí flores. Luego, oraron en la pequeña iglesia local. La posibilidad de encontrar sobrevivientes es virtualmente nula, complicada por la mala visibilidad en las frías aguas.
Las condiciones impidieron que la empresa holandesa especializada en emergencias ambientales marítimas, Smit Savage, comenzará a bombear las cerca de 2.400 toneladas de combustible de los repletos tanques, tarea que llevará entre dos y cinco semanas. (DPA-Reuters)