La rivalidad entre directores y productores no es historia nueva en el séptimo arte; abundan las anécdotas de incidentes de proporciones homéricas por la colisión entre los intereses "artísticos" y los "comerciales". Lo cierto es que las reglas de la industria del cine reservan a los productores el control del producto final. La recordada "Lo que el viento se llevó" tuvo cuatro directores, porque el productor David O. Selznick no estaba dispuesto a resignar la conducción del proyecto. El genial Stanley Kubrick exigía garantías de que el control final del filme estaría a cargo suyo antes de aceptar ponerse al frente de un rodaje. Federico Fellini era un realizador temido por los productores, porque sus plazos de rodaje se extendían sin remedio y porque los costos se disparaban fuera de control. Y hay muchos realizadores que exigieron que su nombre fuera borrado de los créditos por no estar de acuerdo con el corte final (aprobado por la producción) de las películas que habían rodado.
El mundo del arte tiene poco en común con el de los procesos industriales; es por eso que el cine se desarrolla en un delicado equilibrio entre los a veces desordenados y caóticos desarrollos propios de la creación artística con los más "terrenales" que impone un proceso dominado por técnicas sumamente rigurosas (y económicamente muy costosas). Cuando a esta evidente tensión se le suman aspectos políticos, el resultado puede ser explosivo.
Los productores del documental sobre la vida de Néstor Kirchner han informado que el corte final que entregó el realizador Adrián Caetano "no los conformó". El propio realizador aclaró que no se trata de objeciones estéticas sino de problemas políticos, y se apresuró a destacar que, a pesar de que lamentaba lo ocurrido, reconocía que la producción estaba en su derecho. Caetano, a pesar de su juventud, es un veterano del mundo del cine, y conoce perfectamente las reglas que lo rigen.
En definitiva, los dueños de la película son los productores. Es por eso que, en la entrega de premios como el Oscar, quienes suben al escenario a recibir la distinción en el rubro "Mejor película" son, precisamente, los productores, y no el director.
De todas maneras, hubiera sido muy interesante conocer el trabajo de Caetano; pero ya no lo veremos.