"A nosotros no nos interesa quién la compró, lo único que nos interesa es el bien desde el punto de vista de la ciudad", asevera el escritor Carlos Duguech respecto de la casa que hasta hace poco ocupó la Fundación Lucci. Junto a los arquitectos Aldo Misuriello y Paula Iparraguirre y, por distintos medios, ellos fueron quienes iniciaron las acciones públicas que en la semana que terminó instaron a que la Comisión de Patrimonio declarara la casa Sucar dentro de un Régimen de protección preventiva y de ese modo, se paralizara el permiso de demolición que ya se encontraba en trámite en la Municipalidad.

"El solo hecho de que Lucci la haya mantenido y mejorado desde 2003 al servicio de la actividad cultural daba la noticia a la comunidad de que esta casa tenía esa impronta", afirma Duguech, y resalta que en este caso, por primera vez luego de la protesta se estructura una propuesta por el camino lógico. El escritor dice que el tema es convocante, no sólo para los especialistas sino para la ciudadanía que ve allí en la casa un símbolo de cómo un bien noble puede funcionar en una ciudad que crece alrededor en forma caótica.

Recuerda que el trámite de demolición se hizo a fin de diciembre, en medio de los brindis de la última semana del año.

"Los ciudadanos nos indignamos sobre cuestiones que nos afligen, causadas por la omisión del Estado o por la acción a hurtadillas -resalta-. La comisión de Patrimonio tomó conciencia de sus responsabilidades. Este proceso va a desalentar a los inversores y el Estado tiene la posibilidad de llevar a cabo una acción con el apoyo de la ciudad". Misuriello hace aportes desde su visión de arquitecto y urbanista de Unesco, especializado en Centros Históricos en Roma, y expresa su optimismo tanto como Duguech.

Convencimiento
"Creo que la casa no se toca más. Estoy convencido, porque se ha creado una conciencia y creo que también hay voluntad del Gobierno, traducida en el reflejo de la Comisión de Patrimonio", reflexiona el arquitecto.

Por su experiencia profesional, Misuriello sabe que los emprende dores inmobiliarios, cuando una cosa es muy engorrosa, la dejan. "Creo que esto va a ser como un ícono y como un punto de partida. A lo mejor se pierden otras batallas, pero esta creo que esta ganada", asevera.

Tomar partido
"Si no hubiese tenido fe no me hubiese parado cuando éramos cinco en la vereda. Me enteré por una amiga, en Facebook. Siempre me quejo y critico, pero esta vez dejé el rol pasivo y pensé hay que hacer algo; cuando la causa es justa la gente apoya", asegura Iparraguirre.

La joven arquitecta piensa que como ciudad "nos está faltando mucho el concurso público de proyecto, nos está faltando plan urbanístico, estamos creciendo en forma desordenada. Hacemos proyectos como Lomas de Tafí, con miles de viviendas concentradas en un solo punto, causando un impacto ambiental de consecuencias impensadas, en lugar de hacer lo mismo distribuido en distintos lugares".

"La movida para salvar esta casa me pareció importante como toma de conciencia social, como para que abramos el corazón y dejemos de hacer acciones tan individualistas", dice Iparraguirre sobre la experiencia. "Después de todo lo que hemos hecho (y lo que podemos hacer), si esta casa se demoliera se demostraría claramente que las autoridades no gobiernan para su pueblo o su ciudad, sino sólo para sus intereses -reflexiona-. Hemos demostrado que al poder lo tiene el pueblo organizado con intenciones transparentes".