¿En qué piensa el turista cuando piensa en Tafí? En el paisaje, quizás, o la tranquilidad de las montañas; o en la frescura del río, o en el disfrute de lo autóctono... Pero lo cierto es que cuando la temporada explota, el valle se transforma en una ciudad como la que muchos queremos dejar atrás. La tranquilidad sufre una metamorfosis consumista: tenés que hacer cola en el supermercado o en las tiendas de regalos o de productos regionales; estar horas sentado a la mesa sin que te atiendan o te lleven la cuenta. El tránsito se asemeja al de la calle 24 de Septiembre de la capital un viernes al mediodía: el peatón no tiene prioridad, atruenan las bocinas y las motos pasan a toda velocidad.

El veraneante que tiene casa en la villa aprovecha lo que su espacio puede ofrecerle: trabaja el jardín, prepara un buen asado, recoge frutos de los árboles, hace deportes o se divierte con juegos de mesa en familia. Lo tiene claro: no hay que moverse de casa, salvo para comprar provisiones (y te recomendamos que hagas la mayor parte de las compras en Tucumán, ya que los precios en la villa están muy altos).

Así pasa sus vacaciones Ester Bonanno, una pintora que disfruta todos los veranos de su casa en "La Banda", a orillas del río que lleva el mismo nombre. "Este año no hubo heladas tardías, así que nuestros árboles están repletos de frutas, al igual que nuestra huerta, y el jardín que explota de colores. Es impagable comer damascos y peras a la sombra de nuestros árboles", dice feliz. Esta situación la llevará, además de a pintar, a producir mermeladas, chutney y frutos secos durante toda la temporada.

Pero los otros veraneantes, los que se albergan por un tiempo en algún hotel, buscan la paz lejos del ruido. A ellos, quien conozca el lugar seguramente les recomendará que se alejen de la villa -esa es la clave- y vivan lo que realmente es Tafí: un paraíso de caminos y senderos que irán descubriendo a la vera de los ríos, un picnic en la cumbre de alguna montaña, o una cabalgata al Molle o al Matadero (sólo con luna llena).

Panorámica

Desde cualquier punto de Tafí, y durante todo el día, se ven pequeñas figuras en la punta del cerro "El Pelado": hileras de turistas ascienden a la cumbre donde se encuentra la famosa cruz de hierro para observar un paisaje que se puede describir con palabras. Disfrutar esa experiencia puede insumirte unos 40 minutos. ¿Qué se necesita? No mucho: buenos pulmones, el equipo matero y una máquina de fotos. El camino es pedregoso y empinado, pero no peligroso, por lo que podés escalar con tu familia, como lo hizo Eduardo Moyano, con sus hijos Constanza y "Nacho" (de 4 y 7 años, respectivamente) y sus dos sobrinos, Rodrigo y Agustín. "No nos costó subir. Mi mujer se quedó abajo porque está recién operada, pero si no, estaría con nosotros. Vengan en familia, porque el paisaje es único", recomienda Eduardo.

El descanso es una buena oportunidad para sacar el mate o unos "sanguchitos". "¿Nos es el mejor lugar para hacer un picnic? Esto es un privilegio", dicen a coro cinco jóvenes porteñas que emprendieron hace unos días su travesía por el Norte argentino.

Y cuando se hace cumbre, las cámaras de fotos empiezan a capturar imágenes únicas: ¡es que se ve Tafí del Valle de punta a punta!