SEÚL/PYONGYANG.- Cientos de miles de personas participaron ayer, bajo una copiosa nevada en Pyongyang, del cortejo fúnebre del fallecido líder de Corea del Norte, Kim Jong-il, en el primer día de los funerales oficiales que concluirán hoy. La ceremonia fue concebida para ser una demostración de lealtad al régimen y a su hijo menor y seguro heredero político, Kim Jong-un, asentado ya de hecho en el poder.

El acto se inició en el mausoleo de Kumsusan, donde yacía el cuerpo de Kim en un féretro de cristal desde su muerte, el 17 de diciembre. Desde allí partió el coche fúnebre que trasladó el cuerpo por toda la ciudad, precedido por un vehículo que portaba una enorme fotografía suya sonriente y otro con flores blancas y una bandera del oficialista Partido de los Trabajadores. Al regresar a la plaza central, ante miles de soldados y civiles congregados, la guardia de honor desfiló y una orquesta militar interpretó el himno nacional.

Kim Jong-un acompañó el vehículo mortuorio. El joven estuvo acompañado por militares de alto rango, entre ellos su tío, Jang Song-taek, en quien muchos analistas ven al futuro regente del régimen hasta que el "gran sucesor" asuma plenamente las riendas de un país fuertemente armado pero aislado en el contexto internacional, que tiene una economía moribunda y cuya población está atravesando hambre.

En las calles de la capital, los coreanos le rindieron un visible homenaje a este fanático del cine, que guió la Nación con puño del hierro durante 17 años, dando grandes muestras de dolor. La televisión estatal mostró a ciudadanos llorando, golpeándose en el pecho, e inclinándose al paso del cadáver embalsamado de quien (según la versión oficial) murió a los 69 años de un ataque al corazón, aunque su salud estaba debilitada desde 2008, cuando sufrió un accidente cerebrovascular.

Los funerales concluirán con una ceremonia nacional y tres minutos de silencio al mediodía. El líder desaparecido desarrolló un extravagante culto a su personalidad heredado de su padre. Se caracterizó por el uso de la propaganda, por sus dotes para mantener el control militar ( impulsó la doctrina del songun: primero el Ejército), y por los campos de trabajo forzado para sus rivales. Durante su mandato, acalló a quienes predijeron el fin del régimen norcoreano tras la desintegración de la Unión Soviética a principios de los 90. La interrupción de las ayudas de Moscú provocó una hambruna que mató a un millón de personas en la década; cuando, al mismo tiempo, comenzó a desarrollarse un programa nuclear militar que se tradujo en dos ensayos (anunciados por Pyongyang como exitosos) de bombas atómicas en octubre de 2006 y en mayo de 2009.

Difícil de calificar

Ridiculizado varias veces por Occidente a causa de su vestimenta y de sus excentricidades, los expertos le atribuyeron una gran capacidad como estratega, si bien en los últimos años sus decisiones eran cada vez más erráticas. "No es un loco ni alguien que vive de ilusiones. Ha demostrado que puede ser muy hábil", escribió el francés Michael Breen, autor del libro Kim Jong-il: dictador norcoreano.

Su modo de vida fue objeto de burlas: el ex presidente norteamericano, George W. Bush, lo llamaba pigmeo por su baja estatura (la que compensaba con zapatos de plataforma) y su figura se convirtió en un alcohólico y sexópata protagonista de la serie de animación estadounidense Team América. Pero esa imagen era errónea. "El mundo exterior alimentó el mito de un playboy totalmente extraño. El verdadero Kim tiene el talento norcoreano de saber aprovechar una posición de debilidad", explicó Breen. En su país "era como un Dios para la población", explica Yu Suk-ryul, un experto que reside en Seúl, quien recordó que el monte Paekdu, donde nació, es desde entonces un lugar sagrado. (DPA-AFP)